
Los matrimonios por conveniencia no suelen durar mucho. Cristina Kirchner sabía que sola no iba a poder lograr ganarle a Mauricio Macri. Alberto Fernández, que entre 2008 y 2018, se cansó de despotricar contra los manejos del kirchnerismo terminó abrazado junto a su ex jefa porque era uno de los pocos que podía reunificar al peronismo.
Cristina Kirchner ni olvida ni perdona a Alberto Fernández. La asociación fue con el objetivo limpiar su prontuario en las numerosas causas por corrupción que la tienen como imputada y procesada.
Pero Cristina Kirchner ya comenzó el operativo despegue. Ya le dio instrucciones al presidente del Instituto Patria, Oscar Parrilli, para que arme delegaciones de este centro kirchnerista en todo el país. Máximo Kirchner ya preparó el merchandising para ser el sucesor en 2023.
La Cámpora, otra de las agrupaciones kirchneristas, acumulan cada vez más poder en las delegaciones del gobierno nacional en las provincias.
Este esquema también tiene una dificultad: los gobernadores se sienten más cómodos con Alberto Fernández que con Cristina Kirchner, salvo algunas pocas excepciones.
La interna peronista ya empezó a mostrar sus cartas y la caída de la popularidad del presidente por el mal manejo de la pandemia y la crisis económica por la que atraviesan casi todos los sectores, le juegan en contra. Los peronistas son como los tiburones: huelen sangre y atacan.
Si Fernández no controla la situación y pega un rotundo cambio de rumbo, es posible que termine siendo devorado por los tiburones.
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