
Por José Ignacio Sbrocco
EL FEDERAL NOTICIAS
La pelea entre el gobernador tucumano, Juan Manzur, y su vicegobernador, Osvaldo Jaldo, no es más ni menos que la guerra por la sucesión. La elección del defensor del Pueblo es apenas una anécdota, pero que detonó al oficialismo.
Tanto a Manzur como a Jaldo no desvelaban quién se iba a ser cargo de la Defensoría del Pueblo. Pero sirvió para saber, a ciencia cierta, con cuantos legisladores leales contaba cada uno.
Algunos comparan esta ruptura con la que en 2006 protagonizaron José Alperovich con Fernando Juri por la conducción del peronismo tucumano, que quedó en poder del Zar, a través de su esposa, Beatriz Rojkés de Alperovich. Pero la relación institucional de la provincia se mantuvo hasta el fin del mandato sin grandes sobresaltos.
Hoy la ruptura en el oficialismo parece no tener retorno, a pesar de que algunos dirigentes intentan tender puentes entre las dos máximas autoridades de la provincia. Si se quiere buscar un antecedente reciente, podría ser el voto “no positivo” de Julio Cobos para desempatar contra el Gobierno que él integraba, en la sesión por la resolución 125 de retenciones móviles a la soja. Eso marcó un quiebre entre Cobos y la entonces presidenta, Cristina Kirchner, que la tensión duró hasta el fin del mandato.
Luego de conocer cuántos legisladores contaba cada uno, se abrió el libro de pases y el gobernador empezó a ejercer el verticalismo en el peronismo, que, como todos sabemos, nunca es bicéfalo. A partir de ese momento, 93 de los 97 delegados comunales se alinearon rápidamente con Manzur. Los intendentes se encolumnaron detrás del titular del Poder Ejecutivo. Los parientes de los intendentes que están en la Legislatura, también, como el mellizo Enrique Orellana y Sandra Mendoza, hermano y esposa de José Orellana, intendente de Famaillá. Manzur también pescó en la pecera alperovichista y sacó dos piezas: los ex intendnetes de Alderetes, el legislador Julio Silman y Sergio Venegas, que pasó al Subsidio de Salud.
Los pases de bando también se reflejaron en los concejos deliberantes de Alderetes y de Banda del Río Salí, donde el manzurismo se quedó con la conducción. En los próximos días podrían extenderse a otras localidades del interior.
Todos los cargos dentro de la estructura del Poder Ejecutivo que tenían olor al vicegobernador fueron separados. Marcelo Caponio debió renunciar al Programa Belgrano Norte Grande porque su hermano, el legislador Tulio Caponio, acompañó al jaldismo en la elección de Eduardo “Lalo” Cobos como Defensor del Pueblo. Noemí Correa dejó la subdirección del Subsidio de Salud, porque su hijo fue feliz con Jaldo.
Desde el oficialismo se dejó trascender que Manzur sería candidato a vicegobernador de Fernando Juri en 2023. Una fórmula bien peronista. Esto no es ni más ni menos, que acorralar a Jaldo por dos motivos. La división del peronismo podría hacer peligrar la continuidad en el poder, algo que ningún peronista quiere. Pero a Manzur nunca se lo vio tan enojado por el desaire jaldista que se prometió hacer lo imposible para que Jaldo no sea el próximo gobernador. En realidad la fórmula Juri – Manzur es un ensayo. Con eso se busca que el vicegobernador vuelva al redil del oficialismo, sino, en términos pragmáticos, debería volver a ser intendente de Trancas.
El contrataque de Jaldo no se hizo esperar. A pesar de decir que no había que mezclar lo partidario con lo institucional, desde Casa de Gobierno marcaron que la Legislatura (Jaldo) había despedido unos 3000 empleados que respondían a legisladores manzuristas.
Todavía falta mucho para 2023, pero la guerra por la sucesión en Tucumán ya comenzó.
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