
La muerte de la niña Abigail Jiménez en Las Termas de Río Hondo conmocionó a todo el país, menos al presidente Alberto Fernández, a la vicepresidenta Cristina Kirchner y al gobernador santiagueño Gerardo Zamora.
Todo el arco opositor dio el pésame en las redes sociales a la familia Jiménez, menos los caudillos kirchneristas.
El caso de Abigail había tenido connotación nacional el 16 de noviembre cuando su padre se cansó de esperar en el límite entre Tucumán y Santiago del Estero, detenido por la policía que responde a Zamora, y llevó en brazos a su hija hasta tierra santiagueña.
Abigail había viajado con su padre hasta el jardín de la República para su tratamiento para el cáncer, ya que en Santiago del Estero no tienen las condiciones necesarias para estos tipos de tratamientos.
El kirchnerismo se quedó mudo ante la noticia del fallecimiento de Abigail. Todo para cuidar a uno de los gobernadores favoritos, Gerardo Zamora, que -según su propia definición- es igual al excaudillo Carlos Juárez, pero mucho más hijo de puta.
