El presidente Alberto Fernández dio una nueva muestra que dice una cosa pero hace lo contrario. A pesar que tanto él como varios miembros de su gabinete hablan de federalismo, las medidas adoptadas para frenar la segunda ola fueron tomadas en base a lo que ocurre en la Capital Federal y el conurbano bonaerense, lo que se conoce como AMBA.
Fernández decidió restringir determinadas actividades sólo con los datos de Buenos Aires, sin importar la idiosincrasia del resto del país.
Quizá uno de los ejemplos emblemáticos sea la gastronomía. En Buenos Aires los locales gastronómicos funcionan bien hasta determinado horario, con lo cual, el cierre a las 21, no genera muchas complicaciones. El problema es cuando el resto de las provincias no tienen ese mismo ritmo de vida. Por ejemplo, las provincias norteñas tienen un horario laboral diferente y las salidas a los restaurantes son desde las 21:30 en adelante. Imposible finalizar hasta las 23.
Quizá no resulte tan curioso ya que las restricciones anunciadas fueron dialogadas con el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof y con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.
Quizá hubiese sido bueno que Fernández llamara al resto de los gobernadores para consensuar las medidas. Hubiese sido un gesto de federalismo. Pero queda cada día más claro que el gobierno de Fernández sólo atiende en Buenos Aires.
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