Por Sergio Capozzi
PARA EL FEDERAL NOTICIAS

En ocasión de la apertura del congreso de la Organización Internacional del Trabajo, el Papa Francisco vertió un concepto que dio la vuelta al mundo pero que golpeó con más intensidad en la Argentina: “la propiedad privada es un derecho secundario que depende de un derecho primario que sería el destino universal de los bienes”.
En un país jaqueado por centenares de tomas, particularmente las que llevan adelante quienes dicen reivindicar derechos ancestrales, se le suman las declaraciones del propio presidente de la Nación quien afirmó que no tiene sentido tener tierras improductivas y que no es lógico que los hijos las hereden en desmedro de quien no posee.
Como si esto fuera poco, apareció el diputado Nacional Héctor Bárbaro instigando a cortar rutas y a «apretar» a un juez por haber dictado una sentencia en contra de una usurpación y al gobierno provincial para que otorgue tierras privadas. Insólitamente reconoce expresamente que la propiedad tiene titular de dominio y a pesar de ello señala que el único camino es el “amedrentamiento público.”
Volvamos al Papa. Hace unos cuatrocientos años nacía en Ámsterdam Baruch Spinoza, conocido como el filósofo maldito. Es que verdaderamente él y su familia no la pasaron bien: fueron expulsados de España por ser judíos y rechazados por los judíos de Ámsterdam acusados de herejía. Resulta que Spinoza cometió la osadía, la imprudencia de cuestionar dogmas; quiso tratar de comprender el orden de las cosas a través de la razón y no de la imposición.
Entre otras cosas, Spinoza afirmaba que existe un derecho natural derivado de las supremas potestades, “en la naturaleza hay que buscar la razón, el orden y desde allí derivaban los otros derechos necesarios para la convivencia pacífica.”
El Papa Francisco tiene formación jesuita, orden religiosa catalogada como la más política, preocupada tanto por los asuntos mundanos como por los religiosos. En los trabajos de esta orden encontramos el concepto de Derecho Natural. Afirman que existen ciertos principios en relación con el bien o el mal, de carácter universal: leyes o derechos naturales, que actúan como marco supralegal. Estos principios son conocidos por el hombre mediante la razón y descansan sobre bases morales.
El derecho a la vida, la libertad, la salud, son algunas de las manifestaciones del derecho natural que, al contrario del derecho positivo (el dictado por el hombre), no se encuentra escrito, sino que emana de la misma especie humana . Es inherente e igual en cada uno de sus miembros independientemente de su posición social, de su etnia y de su nacionalidad, o de toda otra consideración. Es universal y ajeno a cambios históricos. Entre estos derechos no se encuentra el de propiedad. Así que, en principio, parece que al Papa le asistiría la razón, o por lo menos abrevó en antiguos estudios.
Las comunidades primitivas no conocían el concepto de propiedad privada, por el contrario, eran nómades que explotaban los recursos en conjunto. Todo cambió cuando aparecieron los agricultores y se domesticaron animales. Las sociedades comenzaron a aplicar normas sobre la propiedad privada, esto ocurrió con el código de Hammurabi en Babilonia, también en Judea, Atenas, el imperio romano y ni hablar en la Edad Media o la Moderna. Ya en la Contemporánea aparecieron los estados modernos y con ellos las constituciones.
Precisamente, mediante las constituciones se intenta reglamentar, garantizar, el ejercicio de los derechos de todos los habitantes, ya sea partiendo de los derechos naturales (para los que creen en ellos) o para fijar las bases del derecho positivo (leyes).
Nuestra constitución en su artículo 14, entre otras cosas determina que: “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: …de usar y disponer de su propiedad.” Mientras que en artículo 17 se establece que “la propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley previamente.”
Este es nuestro Pacto Social. Quienes habitamos esta república tácitamente lo firmamos. Nos comprometimos a defender los derechos y garantías y cumplir las obligaciones que contienen la Constitución Nacional, las provinciales y la legislación que se haya dictado en consecuencia. Y si éstas nos parecen irracionales o que chocan con las constituciones, nos queda el remedio de concurrir ante la justicia.
Entonces, ¿cómo entendemos las palabras del Papa, del presidente y del legislador Héctor Bárbaro? Entre ellas hay abismos. Lo que dijo el Papa puede chocar a muchos, pero la verdad es que -se adhiera a la idea de existencia de los derechos naturales o no- la propiedad privada debe ser regulada. Es la población de un país la que decide su existencia y sus límites. Eso hicieron nuestros legisladores y dejaron en claro que su tenencia y uso no es absoluto; depende de leyes, decretos y ordenanzas que regulan el ejercicio de este derecho, pero no se puede olvidar que el artículo 17 de la Constitución establece que la propiedad es inviolable y nadie puede ser privado de ella sin una sentencia o una ley que lo disponga.
Siguiendo con el Papa, sabemos que sus palabras ex chatedra (desde la silla) se vinculan con el dogma, la fe, los asuntos divinos. En los otros temas, los terrenales, hace tiempo que las palabras de los Papas han dejado de ser infalibles. Y en el fondo es una discusión en vano ya que en Argentina no hay derechos de primera y otro secundarios. Sólo se aplica el derecho escrito.
Lo que sostuvo el presidente en la ciudad de Mercedes lo debemos tomar como uno más de los disparates a los cuales nos tiene acostumbrados. Una bravucona aceptable en campaña pero no en el presidente de todos los argentinos, que debe ser el garante de la Constitución y de todas las leyes (así se comprometió cuando le tomaron juramento). Si piensa que es esencial sujetar la propiedad a la productividad, debería plantear una reforma de la Constitución.
Lo de Héctor Romero es nada más y nada menos que apología del delito, no merece mayor comentario.
Lo preocupante de todo esto es el momento, el tiempo en el cual hablaron estas tres personas. Cincuenta por ciento de pobres, grave déficit de viviendas, economías destruidas, encapuchados que queman banderas argentinas y desconocen nuestra soberanía, un país al borde la anarquía. Caos. Un estado de desorganización social y aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales. Un país donde lo que reina es la anomia, donde el cumplimiento de la ley parece voluntario.
El gobierno nacional baja línea en ese sentido: en estos días la Administración de Parques Nacionales recibió la instrucción de dejar de ser querellante en un caso grave de usurpación de tierras del Parque Nacional Nahuel Huapi. Si Parques no vela por esas tierras que nos pertenecen a todos los argentinos ¿cuál es su razón de ser? ¿Multar a un turista que acampa en un lugar no permitido? ¿Evitar que alguien arroje basura? Si Francisco P. Moreno se levantara de su tumba probablemente revocaría su donación por manifiesta ingratitud.
Volviendo al señor presidente y sus afirmaciones acerca que las tierras deben ser productivas, le recordamos que en los últimos 16 años desaparecieron 81.000 chacareros, muchos de ellos porque el Estado los destruyó con sus improductivos impuestos, la falta de crédito, los costos y cargas. La soberanía alimentaria no se declama, se consigue con empleo genuino, no con dirigentes que usurpan campos.
Una calificadora financiera nos puso en la categoría “stand alone”, lugar que compartimos con Bosnia, Ucrania, Jamaica y Panamá. Más bajo no se puede caer. Es nuestro compromiso ciudadano tomar como propio el lema olímpico, “podemos estar más alto y ser más fuertes, juntos.”
Dura tarea tiene la oposición en el Congreso, y lo viene haciendo bien. Las elecciones de noviembre serán clave. Si el oficialismo consigue los votos necesarios para obtener mayoría propia, recuperar la república será tarea casi imposible. Nuestro compromiso es con el voto, cuidémoslo.
