
Las dificultades en las condiciones de vida de casi 20 millones de personas afecta en mayor medida a los niños y adolescentes.
Entre los niños menores de 14 años se presentó un crecimiento del 57,7% en relación al último semestre 2020. El grupo etario que le sigue es el comprendido por jóvenes de 15 a 29 años, que mostró un incremento del 49,2%.
Según datos que se desprenden de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) revela que el porcentaje de jóvenes de 18 a 29 años que no estudia ni trabaja asciende al 29,5%. Es decir, 3 de cada 10.
Se trata de 954 mil mujeres y 606 mil varones que no asiste a la escuela y tampoco posee inserción laboral y se sostienen con los ingresos familiares que también se encuentran golpeados por la pandemia y las políticas económicas del gobierno.
A este número se suma el indicador de un mayor porcentaje de mujeres que asumen responsabilidades de cuidado en el ámbito familiar, a cargo de menores de 0 a 12 años que son hijos o hermanos y adultos mayores, acrecentando la brecha de género.
La visión peyorativa de lo que significa los «NI NI» encubre una realidad mucho más compleja, que requiere una articulación de políticas de estado que refuercen lo educativo y la capacitación laboral. Muchos de ellos abandonan su trayectoria escolar para ayudar con el cuidado de otros integrantes familiares o colaborar con los ingresos económicos.
En tal sentido el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) hace hincapié en sus informes, que el no trabajar o no estudiar responde a situaciones de contexto familiar y social más amplios donde la exclusión entra en juego.
La situación educativa se encuentra agravada por el cierre de la escuelas producto de las medidas para enfrentar el covid-19 que dejaron a miles de niños y adolescentes fuera del sistema, siendo urgente recrear alternativas para su re-vinculación.
La realidad social y económica con una segunda ola de coronavirus, anticipa un panorama mucho más desolador para los datos del 2021.
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