El historiador asegura que la clave para afrontar los grandes desafíos de la humanidad se basan en el auto-conocimiento y la inteligencia emocional.

El historiador y filósofo israelí Yubal Noah Harari posee una mirada particular sobre el mundo, que con la pandemia se torna interesante para pensar nuestro devenir.
En su vida diaria no usa celular, realiza retiros espirituales de dos meses en silencio y es crítico del cambio climático, la revolución de las tecnologías disruptivas o las armas de destrucción masiva. Además, indica que su homosexualidad le ha permitido tomar distancia para observar la cultura dominante de la sociedad donde habita.
Para Harari, la humanidad afronta una crisis profunda no solo por cuenta del Coronavirus sino también por la falta de confianza entre los humanos. Señalando que «la desesperanza germinó entre las personas respecto a los científicos, entre los ciudadanos frente a los gobernantes, y entre los países».
Al comienzo de la pandemia indicaba que la cuarentena y el bloqueo son esenciales para detener la propagación de epidemias. De acuerdo a la experiencia de la humanidad, está justamente en el esfuerzo contrario al aislacionismo: en la integración y la cooperación global.
Sus libros, best-seller traducidos a más de 50 idiomas manifiestan su preocupación hacia las tecnologías que permiten influenciar a través de sus programas y aplicaciones a miles de millones de personas en el mundo, «las empresas tecnológicas están acabando con la idea de ciudadanos que disponen de libre albedrío», expresa.
Pese a las alertas en sus análisis no es un detractor de las tecnologías y su avance, aún cuando expresa que los seres humanos resultamos prescindibles en lo que denomina «le revolución de los datos», donde los algoritmos condicionan de algún modo nuestros intereses y gustos.
Sus preguntas rondan el uso que podemos dar a las tecnologías, en un cambio incesante que no podremos detener. «La revolución de la inteligencia artificial y la automatización no será un evento único sino una cadena de revoluciones cada vez mayores».
Frente a este panorama donde desconocemos cuáles serán, por ejemplo, las actividades laborales del futuro muy cercano, este pensador audaz esboza que son «la estabilidad mental y la inteligencia emocional» para re-adaptarnos una y otra vez a cambios cada vez más próximos.
“La velocidad a la que se desarrolla sólo se va a acelerar, probablemente. Así que lo que realmente vamos a enfrentar es una sucesión de revoluciones en el mercado laboral, en las relaciones, en la política y en otros ámbitos de la vida». Y expresa que tales destrezas marcarán la diferencia «entre los que se adapten y los que sucumben al escenario de variabilidad constante del siglo XXI».
Entre sus libros más importante se encuentran «Sapiens: de animales a dioses», Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI.
