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Lo que se presta, se devuelve. Hace apenas un año, Cristina Kirchner le prestó a Alberto Fernández la candidatura presidencial y las llaves de la Casa Rosada hasta 2023.
Cristina Kirchner sabía que si encabezaba la fórmula no lograría ganarle a Mauricio Macri y por eso hizo esa jugada que sacudió el tablero político. Ungió a Alberto Fernández, con un perfil, en teoría, más moderado y logró recuperar el poder.
Alberto Fernández había pedido la embajada de España, cuando Eduardo Wado de Pedro le preguntó qué quería. La famosa contención política. Fue pocos días antes del anuncio de la fórmula del Frente de Todos, que Fernández se enteró pocos minutos antes de que se diera a conocer.
El presidente sabe que en algún momento Cristina Kirchner le hará devolver el poder prestado. El copamiento de La Cámpora de los principales organismos y cajas del Estado es una muestra que el kirchnerismo de paladar negro está tejiendo su poder suberráneo mientras el presidente está enredado en los efectos económicos que dejará la pandemia de coronavirus.
Fernández había conseguido su independencia política con un primer buen manejo de la cuarentena. Pero la prolongación del aislamiento produjo efectos económicos que serán muy difíciles de recuperar. Casi 1 millón de nuevos desocupados, cientos de miles de pymes cerradas, el Banco Central emite dinero sin freno, la escalada del dólar, la inflación en aumento, todo eso en el medio de la renegociación de la deuda. Todo este combo hizo dilapidar la buena imagen que Alberto Fernández había cosechado.
Con su imagen en declive, el presidente empezó a recorrer el país para conseguir un sustento de su poder. En dos semanas estuvo junto a los caudillos del norte Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Juan Manzur (Tucumán), Gildo Insfrán (Formosa), también estuvo con el misionero Oscar Herrera Ahuad y recientemente visitó al neuquino Omar Gutiérrez y al pampeano Sergio Ziliotto, para comenzar la construcción de su propio poder.
Falta mucho para 2023, pero la clase política siempre está en modo electoral. Si fuese un partido de fútbol, el técnico repetiría la misma fórmula porque equipo que gana no se toca. El peronismo sabe que no existe un poder compartido. El que gana conduce, el que pierde acompaña. Pero el liderazgo y la base de apoyo de Cristina Kirchner es un factor de riesgo para la construcción de Alberto Fernández. Porque el peronismo festeja el Día de la Lealtad, porque los otros 364 días son de traiciones.
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