“El que conoce la NBA por dentro, no la quiere dejar por nada del mundo, juegue mucho o no tanto”. La frase pertenece a un argentino que quiso explicar por qué Andrés Nocioni, uno de los pocos de los nuestros que nunca soñó con jugar en la mejor liga del mundo, no pegó la vuelta a Europa hasta que no le quedó otra, después de un par de malas experiencias en Sacramento y Philadelphia. Esta es la primera explicación que hay que dar cuando se cuente el fin de esta novela que terminó con Facundo Campazzo en Dallas Mavericks, con un contrato mínimo, de última y para ocupar un rol menor, aunque sea de arranque.

Es oficial: el capitán de nuestra Selección jugará su tercera temporada en la NBA. Será por un año, garantizado y por el mínimo para esa cantidad de tiempo entre los mejores (estipulado en 2.000.000 dólares). Justamente lo que se esperaba para este momento, a seis días de comenzar la fase regular de la nueva temporada.
Dallas puede ser un lugar interesante para él. Porque necesita un base que maneje la pelota, que genere juego y pueda defender con consistencia, sobre todo siendo revulsivo, saliendo desde el banco. Y así, de a poco, ganarse un lugar que, al principio, seguramente no estará, al llegar a un equipo armado y con roles ya asignados.
