Es una enfermedad viral leve pero muy contagiosa, frecuente en niños menores de cinco años, entre otoño y verano.

CATAMARCA.- La Enfermedad o Síndrome de manos, boca, pies es una infección viral leve, muy contagiosa y muy frecuente en niños pequeños, generalmente menores de 5 años.
Al respecto, la pediatra Silvana Montenegro, de la Dirección de Maternidad, Infancia y Adolescencia del Ministerio de Salud de Catamarca, explicó que “es común que surjan brotes en jardines maternales y guarderías, con más frecuencia en los meses de verano y otoño”, por eso es muy importante que los niños y niñas se laven con frecuencia las manos. Además, Montenegro resaltó que “si bien lo más importante es el lavado de manos, también es esencial la desinfección y ventilación de áreas comunes”.
También, es muy importante que los niños y niñas que presenten síntomas compatibles a esta enfermedad, no concurran a la guardería o jardín, ya que al ser tan contagiosa se transmite más rápidamente a través de secreciones nasales, saliva, líquido de las ampollas y también de materia fecal.
Los síntomas más frecuentes de la enfermedad son “fiebre, dolor de garganta, lesiones similares a ampollas en la lengua, encías y fauces; luego continúan erupciones en la piel con enrojecimiento pero sin picazón; también pueden aparecer ampollas en las palmas de las manos, plantas de pies y superficies de glúteos”, indicó la Pediatra. En cuanto al periodo de incubación, agregó que “es de tres a seis días, la fiebre suele ser el primer síntoma, luego el dolor de garganta y unos días después aparecen estas ampollitas”.
Por último, Montenegro señaló que “genera gran irritabilidad en bebés y niños pequeños por el dolor, especialmente en fauces lo que puede generar inapetencia y también puede provocar deshidratación por falta de ingesta, por lo cual es muy importante estar atentos”. En este sentido, se recomienda a los padres, madres o adultos responsables que “al ser una enfermedad de curso leve es importante la consulta; sin embargo la urgencia puede estar dada por la fiebre y la inapetencia que puede conllevar que el niño no ingiera líquidos provocando deshidratación.
