Energía al límite, política sin rumbo y un sistema eléctrico que se cae a pedazos.
Jorge Brizuela Cáceres
El Federal Noticias
La Rioja enfrenta una crisis energética que ya no se puede atribuir a un “veranito caluroso”, a un “evento climático extraordinario” ni a la eterna excusa del “consumo récord”. La realidad es mucho más simple y más incómoda: el sistema eléctrico de la provincia lleva años sin inversión estructural, sostenido por parches, discursos oficiales y comunicados que intentan maquillar un deterioro que salta a la vista de cualquier usuario que viva, trabaje o produzca en este territorio.
Los cortes, microcortes y bajones de tensión que sufrieron miles de riojanos en la última primavera-verano no son un accidente: son el resultado de un modelo energético improvisado, sin control independiente, sin auditoría pública y con una planificación que se queda en los papeles.

Demanda en ascenso, infraestructura congelada
La demanda eléctrica provincial crece de forma sostenida desde hace más de una década, impulsada por mayor urbanización, nuevos barrios, expansión comercial y el uso intensivo del aire acondicionado. Sin embargo, la infraestructura de transporte y distribución —la que verdaderamente sostiene el sistema— permanece prácticamente igual.
La ecuación es sencilla: cuando la demanda sube y la infraestructura queda estancada, los cortes dejan de ser la excepción y se convierten en la regla. Pero lo más grave es que este desbalance no es nuevo, y aun así ningún gobierno provincial elaboró un plan maestro de energía. Todo se resuelve con adjudicaciones parciales, promesas de ampliaciones y anuncios que se repiten cada año.
EDELAR: entre la falta de inversión y el gerenciamiento político permanente
EDELAR es el rostro visible del problema. La empresa opera con una red distribuida vulnerable, con alimentadores saturados, transformadores al límite y una estructura técnica que depende más del esfuerzo del personal de campo que de decisiones estratégicas.
Los comunicados sobre “mantenimiento preventivo”, “poda programada” o “trabajos para mejorar el servicio” ya no convencen a nadie. Es un listado de tareas mínimas, no un plan de expansión. Mientras tanto, los barrios nuevos se conectan a la red como pueden y la empresa repite su mantra: “demanda extraordinaria”, “vientos”, “tormentas”.
Pero el dato clave es otro: en varias zonas urbanas, la red de media tensión arrastra más de tres décadas sin renovación profunda, y aun así se siguen autorizando desarrollos inmobiliarios que dependen del mismo esqueleto eléctrico. Una política de concesión sin control deriva siempre en lo mismo: servicio caro y mala calidad. Los usuarios residenciales pagan solo su consumo, mientras que los industriales pagan lo que consumen más la potencia que tienen disponible.
Para entender el desfinanciamento de EDELAR hay que comprender un poco de historia. Durante el kirchnerismo, se reestatizaron muchas empresas distribuidores, el gobierno nacional absorbía las tarifa y financiaba las obras de infraestructura de las provincias. Con el gobierno de Macri se sinceraron las tarifas y se controló el gasto en infraestructura, lo que complicó el manejo en varias provincias. Con el regreso del kirchnerismo con Alberto Fernández se regresó al retardo de tarifas, hasta el triunfo de Milei que no subsidia ni manda dinero para obras. Entonces Quintela comenzó a subsidiar, pero sin contar con dinero para obras.
El resultado solo puede derivar en la quiebra, y una posible privatización, que incluiría el pasivo de la empresa, entre cuyos acreedores se encuentra la propia CAMESSA (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico SA). De todo esto hablamos en este otro artículo (presioná para leerlo).
TRANSNOA y el cuello de botella que nadie quiere nombrar
El transporte eléctrico es el gran ausente en el debate público. TRANSNOA opera con capacidad limitada para abastecer a La Rioja, y aunque el ENRE autorizó ampliaciones menores —como las vinculadas a la Estación Transformadora La Rioja Este— la verdad es que la potencia disponible es insuficiente para la expansión demográfica y productiva de la provincia.
Si la energía no puede ingresar con la capacidad necesaria, ninguna mejora interna de EDELAR sirve para estabilizar el sistema. Es como arreglar el cableado de una casa cuya conexión principal está estrangulada: todo esfuerzo posterior se vuelve cosmético.
Lo más preocupante es que el Estado provincial no exige públicamente un plan de ampliación de transporte con plazos, responsables y evaluación técnica independiente. No hay presión institucional, no hay debate legislativo serio y no hay revisión sobre qué obras se prometieron, cuáles se hicieron y cuáles quedaron en titulares.

Clima, viento y tormentas: cuando la naturaleza desnuda la precariedad
Cada primavera y verano, el sistema se desploma en cadena. El zonda y las tormentas no hacen más que revelar aquello que la gestión energética intenta disimular: la red aérea de La Rioja es endeble, vieja y dispersa.
Vientos que derriban postes, tormentas que vuelan aisladores, rayos que disparan protecciones y dejan pueblos enteros en la oscuridad. No es un fenómeno natural: es el síntoma de un sistema subinvertido. Lo natural es que haya viento; lo anormal es que una sola tormenta colapse tres alimentadores a la vez.
Las universidades riojanas: conocimiento disponible, política ausente
En la provincia existen tres universidades públicas con producción científica en energía: Universidad Nacional de La Rioja, Universidad Nacional de Chilecito y la Facultad Regional La Rioja de la Universidad Tecnológica Nacional. Cada una, desde su especialidad, elaboró diagnósticos sobre consumo, automatización, energías renovables, almacenamiento y diseño de redes modernas. También propusieron soluciones concretas, como la incorporación de BESS (baterías de respaldo), la modernización de subestaciones y la medición sistemática de cargas por alimentador.
Nada de esto se tradujo en políticas públicas.
La información está, los profesionales están, los diagnósticos existen. Lo que falta es algo elemental: voluntad política de usar el conocimiento disponible, establecer prioridades y someter las decisiones energéticas a control civil y técnico.
Tarifas cada vez más altas, servicio cada vez peor
El ciudadano riojano se encuentra atrapado en una paradoja indignante: paga tarifas más altas por un servicio que no mejora. Con la quita de subsidios nacionales, los costos se dispararon, pero la infraestructura sigue igual o peor. Comercios que pierden la mercadería, industrias que deben detener la producción, hospitales que dependen de grupos electrógenos, usuarios que ven quemarse electrodomésticos por baja tensión.
La provincia vive, en materia energética, una forma silenciosa de regresión: paga como si tuviera un sistema del siglo XXI, pero recibe uno del siglo pasado.

¿Qué debería hacerse si la prioridad fuera el usuario y no la política?
La crisis tiene salida, pero requiere decisiones que rompan la inercia:
- Auditoría técnica independiente para conocer el estado real de la red.
- Otra auditoría administrativa MUY independiente para saber cómo se ha gestionado la empresa en los distintos períodos.
- Repotenciación urgente de subestaciones críticas.
- Aumento real de la capacidad de transporte con un plan verificado por el ENRE.
- Soterramiento selectivo en zonas urbanas estratégicas.
- Automatización con reclosers y teleprotección moderna.
- Publicación trimestral de indicadores de calidad del servicio.
- Integración obligatoria de universidades locales en la planificación energética.
Nada de esto es imposible. Solo requiere instituciones fuertes, reglas claras y transparencia, palabras que suelen ausentarse en los documentos oficiales sobre energía en La Rioja.
Un sistema que se cae solo porque nadie quiere sostenerlo
La crisis energética riojana no es producto del destino ni del clima. Es consecuencia de decisiones políticas acumuladas, de la falta de control, de una concesión sin exigencias y de un Estado provincial que prefiere administrar la urgencia antes que corregir la causa.
La energía es la base de toda actividad moderna. Cuando falla, todo lo demás falla detrás. Y La Rioja ya conoce demasiado bien esa sensación.
La pregunta es cuánto más se tolerará un sistema eléctrico que promete estabilidad, pero entrega oscuridad.
