



El gobierno nacional habilitó el regreso a las escuelas y a través del Consejo Federal de Educación (CFE) con un “semáforo epidemiológico” que permite, por medio de una serie de indicadores objetivos, que cada provincia decida habilitar o no el regreso a las clases en las semanas que le quedan al ciclo lectivo 2020.
El CFE establece tres indicadores para el retorno a la actividad presencial: el nivel de transmisión del virus, la razón de los casos nuevos registrados en las últimas dos semanas en relación a las dos semanas previas, y el porcentaje de ocupación de camas de cuidados intensivos.
Cada establecimiento deberá garantizar las medidas de distanciamiento e higiene “necesarias para disminuir el riesgo de contagio de coronavirus”, para “preservar la salud de sus trabajadoras, trabajadores y estudiantes”, así reza el protocolo.
Esta semana quedaron habilitadas las escuelas y todos los niveles de la Ciudad de Buenos Aires, de diversos distritos del Gran Buenos Aires y algunas provincias, a pesar de la negativa de los sindicatos docentes, que piden no volver a clases hasta que no haya una vacuna contra el coronavirus.
Las dos veredas
Gremios docentes como Unión de Trabajadores de la Educación (UTE-Ctera), así como Ademys, adelantaron su rechazo a la apertura de las escuelas con los actuales índices de circulación del virus. Advierten que la Ciudad de Buenos Aires viene registrando más de 500 casos diarios por semana, en el promedio de los últimos siete días. «Una vez más el Gobierno de la Ciudad intenta engañar a la sociedad anunciando un regreso a la presencialidad, montado a partir de burbujas imaginarias que reúnen una cantidad ínfima de estudiantes y ponen en riesgo la salud de toda la comunidad educativa», aseguran desde UTE.

Rodriguez Larreta aseguró al respecto que «La pantalla tiene un límite. Es irreemplazable el contacto personal, el juego, el trabajo en equipo, las relaciones con los docentes y amigos. Por eso, vamos a comenzar con actividades para todo el resto de los chicos. La escuela lo va organizar de forma gradual, siempre al aire libre y con grupos chicos».
Por otro lado, más de 500 docentes de todo el país rechazaron la iniciativa sindical de mostrarse en contra de la vuelta a clases y presentaron una carta pública el martes en donde reclaman la vuelta «urgente» a las escuelas para evitar «daños irreparables».
La iniciativa comenzó a partir de movimientos de padres organizados que reclamaban lo mismo para sus hijos desde el mes de septiembre. Dichos docentes decidieron sumarse en las manifestaciones que se realizaron frente al Ministerio de Educación y generaron por su cuenta un nuevo reclamo. La carta está titulada «Hay que volver a la escuela» y advierte que la falta de clases presenciales aumenta la desigualdad y que «con las escuelas cerradas los chicos pierden y si pierden los chicos, perdemos todos porque perdemos el futuro».

Mientras tanto, la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña aclaró que “no se trata de un regreso a clases sino, como estableció el Consejo Federal de Educación, del desarrollo de actividades no educativas».
Realidad vs relato
Según datos del “Mapa de la vuelta a las clases presenciales”, elaborado por el Programa de Educación de CIPPEC, apenas el 1% de los más de 11 millones de niñas, niños y adolescentes que concurren a los niveles inicial, primario y secundario de Argentina están habilitados para concurrir a clases presenciales, y pertenecen a las provincias de Formosa, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, San Luis, La Pampa, provincia de Buenos Aires y Jujuy.
El 34% (aproximadamente 3.900.000) está habilitado para asistir a actividades de revinculación: pertenecen a la provincia de Buenos Aires y a la ciudad de Buenos Aires y en la mayoría de los casos la participación efectiva de los estudiantes de este grupo depende de las posibilidades de cada escuela, según esta herramienta que releva qué provincias están implementando el regreso a las clases presenciales, en qué niveles educativos lo están haciendo, y para qué población de estudiantes.
La pandemia también vino a urgir, además, la solución de diversos tópicos dejados de lado por el Estado durante décadas en muchas instituciones: el protocolo de vuelta a clases implica jabón en los baños para lavar las manos, detergentes de alta calidad, ventilación asegurada y algo tan simple e indispensable como agua corriente.
Pero la realidad es que ninguna provincia ha demostrado inversión, en ocho meses, para que las situaciones edilicias en materia educativa se encuentren en condiciones para garantizar la higiene y seguridad básicas que hoy el mismo sistema exige en los protocolos Covid.
Las escuelas nunca cerraron
Las escuelas nunca han cerrado, durante la cuarentena han actuado como centros de distribución de alimentos e inclusive espacios de vacunación. La enseñanza se reinventó junto a sus docentes, alumnos y familias de ambos lados. Resulta que educar en la distancia y a través de medios digitales supuso una realidad para la que pocos apenas si estaban preparados.

En la mejor de las realidades, los docentes tenían servicio de internet en sus viviendas, algunos contaban con computadora o pudieron cambiar el modelo de sus teléfonos celulares para garantizarse su trabajo y vínculo con alumnos. Pero esa realidad lejos está de ser la de la mayoría, existen lugares donde no hay luz, mucho menos conectividad, y donde “el distanciamiento” es obligado no por una pandemia sino por la falta de muchos recursos que nunca fueron prioridad: agua, caminos, tendido eléctrico, baños.
Dina es maestra jardinera y vicedirectora de un Jardín de Infantes de Córdoba, donde concurren niños que viven en una villa miseria. El barrio de los alumnos tiene más de una carencia, no sólo en infraestructura y servicios, sino también humanas. Este año, Dina ha visitado su escuela una semana de por medio (intercalando con la directora) para hacer entregas de las viandas de Paicor y garantizar, de esa manera, lo que muchas veces es la única comida del día de los alumnos.
Sus horas de trabajo de extendieron de 8 a 18 diarias, donde no sólo se preparan contenidos pedagógicos para verter a través de una computadora y se acuerda el contacto con los alumnos y padres o se corrigen “tareas”; en cuarentena la escuela ha sido el único medio de contacto exterior que tenían algunas familias y por donde se han canalizado las críticas condiciones económicas y sociales.

Diego es docente en una escuela rural en Piruaj Bajo, un paraje en el interior profundo de Santiago del Estero, en la normalidad sin Covid, sólo los fines de semana los vive con su familia, en el pueblo de Pampa de los Guanacos a 200 km de tierra de su escuela, donde vive de lunes a viernes en una pequeña habitación que construyó para no faltar a clases. Y es que ese camino de tierra muchas veces prohíbe el paso por las condiciones climáticas.
En Piruaj no hay luz, por lo tanto las clases online son una alternativa imposible. En cuarentena, Diego preparó cuadernos con actividades para cada alumno (son 40 niños de diferentes edades y grados) y cada semana viaja en su moto (en medio de las restricciones exhaustivas que tiene su provincia) a visitar casa por casa, en pleno campo, para entregar y corregir actividades y enseñar, pero también contener emociones, y acompañar a las familias de sus alumnos.
En el sur argentino, más precisamente en El Bolsón, Carolina disfruta de un paisaje único mientras recorre grandes distancias en bicicleta y visita a escondidas a sus alumnos que no tienen acceso a computadora o internet y que, sin su esfuerzo, habrían permanecido todo un año “desconectados” de la escuela. Ha contenido a alumnos que le pidieron socorro cuando sus padres sufrían los efectos del coronavirus y no sabían a quién recurrir.
Las clases nunca frenaron, se reinventaron, se reubicaron, se dieron y se dan, gracias al esfuerzo incansable de docentes, alumnos y padres que hacen el esfuerzo extra de sostener la educación con las herramientas que pudieron conseguir y lograron reforzar. Desde siempre y aún más este año, las escuelas no sólo enseñan contenidos, atienden las necesidades integrales en la formación de niños y jóvenes.
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