
José Ignacio Sbrocco
EL FEDERAL NOTICIAS
Messi lo hizo. Otra vez. Esta vez no consiguió un nuevo récord deportivo, sino que logró –sin proponérselo¬–, que el Estado pusiera atención a la crisis de inseguridad que azota a Rosario hace más de 30 años.
Por acción u omisión política, Rosario se convirtió en la meca del narcotráfico del país. La balacera sufrida por el supermercado de los suegros de Messi fue conocida a nivel mundial. Y la amenaza al astro argentino dejó en evidencia lo que más se temía: un Estado ausente. O, para ser un poco benévolo, un estado incapaz de dar la lucha contra el crimen organizado.
La inoperancia del Gobierno nacional que conduce Alberto Fernández quedó al desnudo.
A partir de ese episodio, el Gobierno intentó mostrar algunos gestos de preocupación por el aumento de la ola de violencia en esa ciudad. El problema es que son medidas que llegan tarde, en el ocaso del Frente de Todos.
Cabe recordar algunas cuestiones. La ex ministra de Seguridad, Sabina Frederic disolvió la subsecretaría de lucha contra el narcotráfico y la convirtió en una Dirección. No sólo la bajó de rango, sino que esa flamante Dirección estuvo acéfala mucho tiempo. Hoy ni siquiera figura en el organigrama del Ministerio de Seguridad.
Apenas conocido el atentado contra la familia de Messi, el ministro de Seguridad dijo que “Los narcos habían ganado”.
El presidente Alberto Fernández prometió refuerzos de las fuerzas federales y la utilización de los ingenieros del Ejército Argentino para urbanización de barrios populares.
Hoy, Aníbal Fernández encabezó la llegada de nuevos gendarmes a Rosario.
El problema es que ninguna de las medidas que se tomaron fue por una convicción de lucha contra el crimen organizado, sino simplemente fuegos de artificios por el sólo hecho que fue amenazado Lionel Messi.
Otra vez, los argentinos deberemos agradecerle a Messi que el Estado ponga el foco en este tema tan sensible. Otra vez, Messi lo hizo.
