
En ese marco millones de venezolanos han emigrado y quienes se quedan viven situaciones de extrema vulneración de derechos básicos que se denuncian por relatos de familiares y entre quienes pudieron dejar el país.
Venezuela es un país donde la realidad es vedada.
Hace pocos días circula información en diferentes portales de noticias la denominada «fiebre» por excavar pozos en los edificios residenciales de Caracas. La profunda crisis afecta a quienes nada tienen y a quienes gozan de mayor suerte, pero la brecha social y económica que implica sobrevivir es para todos.
Miles de venezolanos no acceden al agua potable y quienes pueden pagarlo encontraron la solución cavando pozos.
Caracas, capital de Venezuela sufre desde hace años graves problemas en el suministro de agua. En muchas zonas no llega más que una vez a la semana y en otras se pueden pasar meses sin recibirla.
Se debe a la falta de mantenimiento y obras que permitan su acceso.
En los edificios en los que los residentes pueden pagarlo han encontrado una solución en la perforación de pozos para extraer el agua de los acuíferos subterráneos que abundan en la ciudad.
Muchas viviendas disponen de tanques de plástico donde los caraqueños almacenan el agua que consumen cuando no sale del grifo, lo que sucede la mayor parte del tiempo para muchos. Pero en los últimos tiempos incluso ese almacenamiento extra se ha revelado insuficiente.
Esto ha permitido el avance de una ola de fiebre por el interés de alquilar o comprar lugares donde se pueda excavar desplazando a los tanques.
Existen empresas que ha encontrado un floreciente negocio en asesorar a quienes buscan agua bajo los cimientos de su casa. «Hay una alta demanda, sobre todo de condominios de alto poder adquisitivo», indican.
La puesta en funcionamiento de un pozo requiere un estudio previo del terreno, un análisis de la salubridad del agua que se va extraer, perforar, a veces a más de cien metros de profundidad, y acondicionar la instalación. El costo total suele rondar entre US$15.000 y US$25.000.
En el valle en el que se asienta Caracas hay grandes depósitos aluviales, formados durante millones de años de transformación geológica, que se recargan permanentemente por las frecuentes lluvias típicas del clima venezolano y por cursos de agua superficiales.
Entre quienes pueden pensar en costear este tipo de soluciones, excavaciones públicas para pozos comunes y los camiones cisternas que reparten agua en los barrios más postergados, se evidencia la desigualdad que viven los venezolanos frente a un recurso vital para cualquier ser humano.
En algún momento el estado monitoreaba las excavaciones de carácter público para el uso sustentable de los acuíferos subterráneos, pero frente a la escasez los pozos se replican, hasta por debajo de los cimientos de un edificio y con el tiempo tampoco habrá agua para todos.
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