Dirigentes gremiales calcularon hasta 500 despidos, pero los empresarios del sector no avalan esas cifras. Coinciden en una fuerte baja de la actividad sectorial.

El Gobierno tiene la intensión de que haya más carne vacuna en la mesa de los argentinos. Pero logró entre sus efectos, que haya menos dinero en el bolsillo de miles de trabajadores. La prolongación del cepo a las exportaciones de carne está impactando sobre el nivel de empleo en los frigoríficos.
La realidad se refleja en contratos temporarios que no se renuevan, vacaciones anticipadas y turnos de garantía horaria “70 horas quincenales”… un nivel reducido de actividad por lo que se pagan sueldos mensuales inferiores a los $50.000. En ese marco, se redujo el salario de los trabajadores un 50%, respecto del año pasado, una merma equivalente al recorte de las exportaciones que dispuso el Gobierno.
Todas las plantas están actuando con menor capacidad productiva de la que tienen instalada, en un 60% en promedio. Eso se refleja en menos horas extras y reducción de plus salariales por productividad.
Los trabajadores se declararon en estado de alerta y movilización, con reuniones permanentes en los lugares donde están radicadas estas empresas, que en muchos casos tienen alta influencia sobre la actividad económica de esas localidades.
Semanas atrás realizaron diversas asambleas y esperaban que el Gobierno los convocara a una mesa de diálogo, por sentirse los “más damnificados”. Pero como no pudieron participar de las negociaciones, ahora evalúan un plan de lucha y protestas.
Los propietarios de los frigoríficos analizaron las consecuencias del cepo: «incrementa la desconfianza de nuestros clientes en el exterior, dejando un espacio que es aprovechado por nuestros competidores. La incertidumbre y la falta de perspectivas delinean un panorama aún peor a mediano y largo plazo; el pasado reciente es prueba de las graves consecuencias de estas políticas a nivel sectorial y general”.
