
Aún con la pandemia y las medidas para enfrentar el Covid-19 pudieron llevar adelante la segunda cosecha, precisamente en Choele Choel que sufrió el duro embate de los contagios de coronavirus.
La trufa es reconocida mundialmente como el hongo comestible más fino y deseado de la gastronomía. La cosecha en todos lados del mundo se hace con perros o chanchos. En América se usa más el perro.
El año pasado los trajeron de Chile y de Buenos Aires pero ahora no pudo pasarlos, por eso observan el terreno y donde creen que puede haber trufas abren el suelo.
Cuenta Don Humberto Castro que: “Este año podemos encontrar las que están a 15 a 20 cm pero a la que está a 40 cm, no. Los perros para esto son espectaculares, porque corren, se divierten, juegan y de golpe se paran y te señalan con la patita. Cabás, y ahí está la trufa”.
Aunque asegura que a cualquier perro que se críe de chico se puede enseñar, indicándole cuando comienza a mamar el aceite trufado para que reconozca su olor y sabor y luego se pueda entrenar.
En la chacra plantó 120 plantas de las variedades Quercus robur y Encina, que tienen micorrizas del fruto y el año pasado llegó a sacar 3,8 kilos .
Ahora, asegura que están sacando “unas trufas preciosas”, llevan un par de días de cosecha y no puede adelantar cuánto rendirá, pero van 500 gramos, y un gramo es igual a un dólar.
A la trufa negra se la conoce como el diamante de la cocina, o el oro negro de la gastronomía por su poderoso y sutil aroma, y porque puede alcanzar en el mercado precios astronómicos. Este hongo, nace bajo tierra en suelos calizos y pedregosos, junto a las raíces de robles, encinas o avellanos, en zonas con clima montañoso.
Don Humberto Castro cuenta que “creemos que en la vida siempre hay que perseguir los sueños y nosotros siempre vimos una mínima posibilidad con las trufas. En eso nos aferramos y hoy disfrutamos de un hongo de alto valor económico pero sobre todo sumamente valorado en la gastronomía de la alta cocina».
También agregó a su proyecto familiar una experiencia con avellanas ya que las trufas viven en simbiosis con las raíces de árboles como robles, encinas, castaños y nogales. Como no tienen clorofila, deben obtener de esas raíces los hidratos de carbono y vitaminas que ellos consiguen con la fotosíntesis. Por su parte los árboles también se benefician, al conseguir una mayor expansión de sus raíces.
De esta manera sigue agregando ideas que aportan a la mejora del emprendimiento.
Las trufas son ricas en minerales y vitaminas, principalmente potasio, fósforo, yodo, selenio, hierro, calcio, magnesio y azufre. En cuanto a vitaminas, destaca su contenido en vitamina C y en vitaminas del grupo B (con mayor cantidad de B2, B3 y B9).
También aportan fibra y proteínas vegetales. Además, cuenta con poca cantidad de hidratos de carbono y prácticamente no posee grasas.
Desde un pequeño lugar en Río Negro se cosechan trufas al mundo como diamantes que tienen el valor de lo familiar y la alegría de un pequeño promotor de sueños.

