En «El Jardín de la República» se chaya en invierno. A partir de las 22 todos a disfrutar una gran fiesta en «CC».
Hugo Roldán
El Federal Noticias
TUCUMÁN.- Una «Fiebre Chayera por la Noche», se podrá disfrutar éste sábado en el Club atlético Central Córdoba. Harina y albahaca no pueden faltar, en el gran evento convocado por Sergio Galleguillo.
En un clima familiar y de alegría, la música, el canto y el baile, dirán presentes ésta noche en Central Córdoba. Prohibido olvidarse la harina, los ramitos de albahaca y la «nieve», elementos indispensables para tener una diversión asegurada en la Fiesta Chayera.
«Un cacho de cultura» (decía Clemente)
La chaya es un momento donde todos somos iguales, y gracias al aroma de la albahaca, todos «olemos» de la misma manera. La diferencia es que los solteros llevan la rama en la oreja izquierda y los casados del lado derecho.
La harina tiene dos significados dentro de una chayada. Por un lado, representa los frutos de la cosecha, la necesidad de contar con la materia prima para un año próspero previo al ingreso del invierno. Pero, además, se utiliza para igualar.
La ventas de entradas se realizan en boleterías de «CC», La Rockería (Buenos Aires 39 – Local 6), Tarjeta Titanio (San Martín 853), y en forma on-line a través de www.paseshow.com
Promete ser una velada inolvidable, en la que «El Gallo» tendrá invitados de lujos, como: Paquito Ocaño, Dany Hoyos, Romina Barros y Las 4 Cuerdas; el cierre será a puro baile de las manos de los Dj Jhoni Monzón y DJ Kairuz.
La leyenda que dio origen a la chaya
Chaya (del quechua “rociar o mojar”) era una de las más bellas jóvenes de la tribu, pero por diversión del destino tuvo la mala suerte de enamorarse de Pujllay (del quechua “jugar, divertirse), un joven mujeriego con fama de “Don Juan” que ignoró a la joven. Con el corazón roto y el alma en pena, la muchacha se internó en el monte a llorar su desgracia y desventuras amorosas, desapareciendo para siempre. Desde entonces, suele regresar todos los años a mediados del verano del brazo de la Diosa Luna (Quilla), en forma de fina lluvia.
Pujllay, sabiéndose culpable de la desaparición de la joven, sintió remordimiento y procedió a buscarla por todo el monte, sin éxito. Tiempo después, enterado el joven del regreso de la Chaya a la tribu con la luna de febrero, volvió también al lugar para continuar la búsqueda, pero fue inútil. Mientras la gente festejaba la anhelada cosecha y lo recibía con muecas de alegría; él, derrotado, terminó ahogando en chicha su soledad hasta que estuvo muy ebrio, cayó en un fogón y murió quemado.
Desde ese entonces, «Chaya» viene en febrero ( y ésta noche en Tucumán) a apagar el fuego de «Pujllay». Y cada año aparece el Pujllay, que muere al terminar el festejo, razón por la cual se lo entierra hasta el año siguiente.

