Por José Ignacio Sbrocco
EL FEDERAL NOTICIAS

En el peronismo no suele haber lugar para los grises. O sos leal o sos traidor. Nadie puede negar la lealtad de Héctor J. Cámpora, «el Tío», que fue el presidente que menos duró en el poder porque renunció para que pueda asumir el líder del movimiento, Juan Domingo Perón, luego de años en el exilio. “Cámpora al Gobierno, Perón al Poder”, era el slogan de esa campaña. La historia lo bautizó a Cámpora como “El presidente que no fue”, gracias a un libro de Miguel Bonasso. «El Tío» gobernó desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 13 de julio del mismo año. Más lealtad que esa no se puede pedir.
La Cámpora, la organización política conducida -¿hacia el abismo?- por Máximo Kirchner, sintetiza todo lo contrario de lo que fue “El Tío”. Hoy La Cámpora se convirtió en la principal oposición del presidente Alberto Fernández. De ahí a la traición hay un solo paso.
El acuerdo con el FMI detonó la interna del Frente de Todos. A partir de eso, el kirchnerismo duro desgastó la figura del ahora ex ministro de Economía Martín Guzmán hasta que renunció, hace 10 días. Ahí se terminó de confirmar la claudicación de Alberto Fernández. Decidió entregar las llaves del Gobierno a Cristina Kirchner.
Alberto Fernández era uno de los pocos que podían garantizar la vuelta del peronismo a la Casa Rosada. Su supuesto estilo moderado permitió aglutinar a todo el peronismo para vencer a Mauricio Macri. El primer paso lo había dado Cristina Kirchner al unigrlo candidato y ella como compañera de fórmula. Desde ese momento se actualizó el lema de la campaña de 1972-1973. “Alberto al Gobierno, Cristina al Poder”.
La historia se repite: primero, como tragedia; luego, como farsa -parafraseando una frase adjudicada a Karl Marx.
Alberto Fernández vendría a ser la farsa del Presidente que no fue.

