El análisis de los resultados electorales en La Rioja deja claras varias realidades, entre ellas, que Milei juega electoralmente para el kirchnerismo.
Jorge Brizuela Cáceres
El Federal Noticias

Con el 70% de abstención electoral (un 10% más que en 2019) para la categoría gobernador y vice, Ricardo Quintela se consagró nuevamente gobernador, representando apenas al 33% de los electores (100.926 faltando casi el 10% del escrutinio provisorio), mientras que en 2019 había logrado mas del 40% del padrón. En tanto los opositores Felipe Álvarez lograron respectivamente 63.573 votos (21% del padrón) y Martín Menem 31.023 (10% del padrón).
En el caso de Juntos por el Cambio (antes Fuerza Cívica Riojana), tomando solo el estamento de gobernador y vice, perdió casi 2 mil votos respecto de 2019, donde obtuvo 65,561. En 2015, con una participación de casi el 80%, lograron 80.235, una diferencia de casi 17 mil votos con la actualidad. El máximo histórico opositor en la provincia norteña fue de 86.667 votos en 2013 (34% del padrón), con las luchas del Famatina y la UNLaR percibidas como triunfos contra el oficialismo. En estas tres elecciones el principal referente opositor fue Julio Martínez (actual senador nacional, ex ministro de Defensa de Mauricio Macri).
En cuanto al peronismo, el máximo de 2010 hasta aquí fue obtenido por Sergio Casas (2015), con 111.843 votos (casi el 42% del padrón). Mientras tanto, Quintela accedió a su primer mandato con 95.115 votos en 2019, apenas el 32% del padrón.
Respecto de las terceras fuerzas, generalmente usadas como listas muleto del oficialismo, Ángel Maza con el Frente Unión Riojana logró 17.795 en 2011 (8% del padrón), Luis Beder Herrera con Nuestra Rioja obtuvo 49.203 votos en 2019 (17% del padrón) y ahora Martín Menem y La Libertad Avanza llegaron a 31.023 (poco más del 10%) con resultados provisorios.
En la concepción de este análisis no solo cuenta el voto en blanco (votar por nadie), sino también la abstención electoral (no votar), pues son consideradas expresiones de indiferencia o hartazgo con el sistema y sus opciones. En ese sentido estamos ante la elección con menor participación desde 2001, otro momento bisagra en cuanto a lo político y electoral.-
