
Pese a que la franquicia siempre ha estado enfocada a un nicho específico de jugadores, la edición 2020 tiene los componentes necesarios para agradar a cualquier tipo de jugador.

Vuela a donde quieras
La premisa de Microsoft Flight Simulator es simple: vuela a donde quieras. El juego cuenta con un mapa del planeta en donde podremos elegir origen y destino. Las posibilidades son infinitas ya que puedes despegar prácticamente de cualquier aeropuerto y ciudad a bordo de cualquiera de los 20 aviones incluidos.
Esto es posible gracias a que el juego toma imágenes satelitales, información del clima en tiempo real e incluso el tráfico aéreo para ofrecer una experiencia lo más cercana a la realidad. La complejidad queda en manos del jugador y es ahí donde el juego brilla, ya que ofrece un menú de accesibilidad rico en opciones.
La configuración inicial de juego incluye tres modalidades predeterminadas. La más sencilla, enfocada a los principiantes, con ayudas visuales y consejos para realizar nuestro viaje. La más compleja, pensada para los pilotos o aquellos jugadores con experiencia, deshabilita las ayudas y deja en control del usuario todo el proceso de despegue y aterrizaje, incluida la salida y llegada a una puerta de embarque.
Dentro de las opciones se encuentra una serie de sesiones con lo básico para aprender a volar con una Cessna 152. Las lecciones son sencillas y enseñan los elementos esenciales para despegar, aterrizar, leer los instrumentos y seguir una ruta de navegación. En pocas horas tendrás la confianza necesaria para volar a donde desees.
Pese a que Microsoft Flight Simulator es amigable al principio, no es un juego que te lleve de la mano. Aprender el funcionamiento del resto de aviones es algo que corre por tu cuenta y la información no está disponible. Esto puede conflictuar a alguien que no tiene experiencia en juegos de este tipo y espera un tutorial detallado para despegar un Airbus A320 o un Boeing 747-8.
La búsqueda externa de manuales o tutoriales para aprender la instrumentación será necesario si quieres sacarle provecho al juego. Cada avión es diferente y el proceso toma algunas horas para dominarlo. Si tienes algún problema podrás echar mano de las ayudas y de la inteligencia artificial para otras tareas, como efectuar las comunicaciones o tomar control de la aeronave en pleno vuelo.
Realismo sin precedentes
La característica más llamativa de Microsoft Flight Simulator es el realismo al que apuntan Microsoft y Asobo Studio. El juego utiliza 2 petabytes de información satelital de Bing Maps y con la ayuda de inteligencia artificial se creó un mapa tridimensional detallado de la Tierra. En la práctica el resultado es sorprendente, aunque con matices.

Los aeropuertos oficiales que incluye el juego (Barajas, Heathrow o Frankfurt) han sido reproducidos a detalle, mientras que las pistas u otros no oficiales dependen de la información satelital. El resultado final es variado. Algunos, como MEX parecen sacados de Google Earth con modelos primitivos, mientras que otras pistas de poblaciones alejadas son menos agraciadas y están casi desiertas.

Este es el único pero que encontramos, puesto que en el aire las cosas cambian. El nivel de detalle del terreno y las nubes es algo jamás visto. Las opciones visuales permiten ajustar la densidad y acabado de todos los elementos en pantalla. Desde el nivel de detalle de la cabina hasta el realismo de las nubes, la teselación del terreno o los efectos climáticos.
En este último apartado Microsoft echó mano de Meteoblue para ofrecer el clima en tiempo real. Si quieres añadir un toque de realismo puedes mantener sin cambios el clima y huso horario, aunque el juego también permite cambiar las condiciones en tiempo real, sin esperar a una pantalla de carga adicional.
Otras dos empresas que participan para asegurar el realismo son FlightAware y Navblue. La primera garantiza el tráfico en tiempo real y añade un nivel de dificultad adicional. Esta característica es opcional, y cuando la activas puedes sentir la presión de despegar o aterrizar en los tiempos establecidos de aeropuertos concurridos, como JFK o Schiphol. La segunda nos ayudará en la navegación al sintonizar frecuencias especiales para recibir indicaciones.
‘Microsoft Flight Simulator’ es el nuevo ‘Crysis’

El realismo de Microsoft Flight Simulator tiene un punto en contra y es que pide una configuración de equipo bastante elevada para llegar al nivel máximo. Con un procesador Ryzen 7 3900X y una GeForce RTX 2080 es posible jugar a 30-40 cuadros en la configuración más alta a 4K. La cabina, el clima y el nivel de detalle o cantidad de elementos en el aeropuerto (tráfico, vehículos, empleados) puede impactar en el rendimiento. Lo mismo al cambiar a la vista de cabina.
La buena noticia es que el juego tiene un menú para ajustar el nivel visual para obtener una experiencia acorde a nuestro ordenador. Con un Ryzen 5 3600x, 32 GB en RAM y una GPU RTX 2060 Super es posible ejecutarlo a detalle medio-alto en resolución 1440p a 30 fps. Dado que las opciones visuales pueden aplicarse al momento sin reiniciar el juego, será necesario elegir un aeropuerto concurrido para probarlas hasta encontrar la más adecuada.

Otro punto a destacar es que el juego requiere conexión permanente si quieres utilizar la información de terreno en tiempo real, de lo contrario tendrás una experiencia visual reducida en cuanto a detalle. Esta característica es completamente opcional y puedes deshabilitarla para jugar desconectado.
La barrera de entrada para disfrutar Microsoft Flight Simulator es alta si hablamos de hardware. Incluso con un SSD los tiempos de carga son elevados y requiere más de 125 GB de espacio. Si activas las descargas adicionales esta cantidad podría duplicarse, aunque puedes establecer límites de datos para no quedarte sin espacio.
El juego es el nuevo benchmark de los equipos de alto rendimiento. En 2020 deberíamos cambiar la pregunta de Crysis por un «¿Corre Microsoft Flight Simulator?»
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