
El Perseo de Cellini demuestra que con el arte, se saca belleza hasta de los actos más atroces, como puede ser una decapitación. Perseo nos muestra la cabeza de la Medusa mientras a sus pies está el resto del cadáver. La sangre sale del cuello de la cabeza cercenada (algo muy complicado en escultura en bronce).
Es una representación del mito griego, donde Polidectes quería deshacerse de Perseo para seducir a su madre, Dánae. Así que un día le explicó que las Gorgonas eran horrendas y monstruosas, sobre todo Medusa. Polidectes ordenó a Perseo que fuera en busca de Medusa y que le cortara la cabeza, y así obedeció Perseo. Se fue de Grecia hasta Sicilia, donde dos hadas le dieron un espejo con el que se protegería de la imagen de Medusa, una espada para cortar su cabeza, un saco para guardarla, unas sandalias aladas para que pudiera volar y un casco que lo hiciera invisible al usarlo. Al cumplir su mandato, de la sangre de Medusa nació un Pegaso en el que se fue volando.
Es uno de los muchos orgullos de la ciudad de Florencia, la estatua se puede admirar en la plaza pública, siendo considerada una alegoría política sobre la victoria de Cosme I de Medici sobre los republicanos.
La escultura está realizada en bronce fundido a la cera perdida, una técnica sobre la que Cellini tuvo que realizar varios ensayos y bocetos preparatorios que todavía se conservan. El escultor creó su primer boceto en tierra y fue terminado con un grosor de alrededor de un dedo y, tras ser cocido, aplicó la cera. Ahuecó la escultura para que fuera más ligera y se vació su contenido interior, perforando los costados, hombros y piernas. Los agujeros que quedaron tras haber terminado toda la capa de cera, los redujo de nuevo hasta dejarles la abertura deseada a cada orificio. Posteriormente sobre la cera colocó barro y después tres capas de tierra para fundirla por fin. Colocó respiraderos para dejar salir la cera y un orificio en la parte superior, por donde vertió el bronce derretido. Después repasó la pieza con un cincel para marcar los detalles. El resultado final de este Perseo supone un logro de la escultura en bronce.
Aquí hay contorsionismo, violencia, incluso erotismo. Es evidente que el Renacimiento había evolucionado a algo más complejo. Podemos ver claramente como lo clásico se abandona. Se representa a la maniera de los clásicos del Renacimiento, pero ya es obvio que se quiere marcar un «estilo», una personalidad propia del artista.

Benvenuto Cellini fue uno de los más notables escultores del Manierismo italiano. Asimismo fue un notable escritor que dejó una interesante y amena autobiografía, que nos ayuda bastante a entender la sociedad de la época.
Su padre, Giovanni Cellini fue músico y se casó con María Lisabetta Granacci, siendo Benvenuto su tercer hijo. No se le daba bien la música, pero sí el dibujo y la orfebrería, y a los quince años entró como aprendiz del orfebre Antonio Di Sandro, apodado Marcone. Un año después tuvo que exilarse a Siena a consecuencia de su apasionado temperamento que le hacía verse involucrado continuamente en duelos y peleas, ya que llegó a matar a un hombre.
Con 19 años llega a Roma y aprende una temporada nada menos que con Miguel Ángel, del que lógicamente recibirá influencia. Encarcelado por asesinatos y robo de joyas en el Castillo Sant’Angelo (Benvenuto se defiende diciendo que eran calumnias de rivales envidiosos). Desde luego su temperamento despertaba antipatías, y su talento envidias. En la cárcel puede escribir.
Una vez libre, se va a Francia y trabaja para el rey Francisco I esculpiendo desde ninfas hasta saleros de oro, y después en Florencia de nuevo bajo el mecenazgo de Cosme I de Médicis, donde Cellini crea sus mejores obras.
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