Desigualdad, asistencialismo y ausencia de futuro en el Cono Sur.
Jorge Brizuela Cáceres
El Federal Noticias
Durante los últimos años, diversos informes de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), UNICEF y CEPAL han encendido señales de alerta: millones de jóvenes en el Cono Sur enfrentan una realidad marcada por la pobreza, la exclusión educativa y la informalidad laboral. Sin embargo, más allá de los diagnósticos reiterados, el problema central parece ser político y cultural: hemos reemplazado la promoción de la ciudadanía activa por la administración del asistencialismo.

Un sistema que reproduce exclusión
Según el informe del BID Juventud desigual (2024), más de la mitad de los jóvenes de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay están atrapados entre el desempleo, la informalidad y la inactividad. Casi seis millones de personas entre 15 y 24 años no estudian, no trabajan ni buscan empleo. Pero ¿cuánto de esto se debe a condiciones estructurales y cuánto a la falta de incentivos claros para la autonomía?
El Cono Sur arrastra décadas de políticas públicas que, aunque bien intencionadas, han generado dependencia antes que desarrollo. La cultura del subsidio ha ocupado el lugar de la movilidad social, y en ese proceso, se ha perdido la centralidad del esfuerzo, la responsabilidad individual y la educación como herramienta de progreso.

Infancia desigual: la urgencia del mérito
Los datos sobre la primera infancia son preocupantes. El informe del BID Desafiando desigualdades señala que los niños del quintil más pobre llegan a la escuela con hasta 1,5 años de retraso cognitivo respecto de sus pares. Pero el problema no se resuelve solo con más gasto público. Se necesita eficiencia en el uso de recursos, seguimiento de resultados y fortalecimiento de la familia como núcleo de desarrollo temprano.
La falta de registro civil, que afecta a uno de cada tres niños en América Latina según UNICEF, es un ejemplo alarmante de la debilidad estatal en lo esencial. Sin identidad legal, no hay ciudadanía ni acceso real a derechos. El liberalismo republicano exige que el Estado cumpla con estas funciones básicas, no que se expanda infinitamente hacia ámbitos que luego no puede gestionar con eficacia.

Educación: cantidad sin calidad
La cobertura educativa ha crecido, pero la calidad no ha acompañado. Solo el 71% de los jóvenes termina la secundaria, y entre ellos, muchos egresan sin las herramientas mínimas para insertarse en el mundo del trabajo o continuar estudios superiores. Según PISA 2022, más del 75% no alcanza niveles satisfactorios en lectura, matemáticas ni ciencias.
El deterioro educativo no es casual. El modelo pedagógico predominante ha debilitado la exigencia, relativizado el esfuerzo y burocratizado la gestión escolar. Se necesita recuperar la autoridad docente, modernizar contenidos y conectar la escuela con los desafíos del siglo XXI. La libertad educativa, la evaluación transparente y la participación de las familias deben volver al centro del debate.

Empleo joven: un mercado rígido
El 60% de los jóvenes del Cono Sur trabaja en la informalidad. El desempleo juvenil supera el 20%. Pero la respuesta no puede limitarse a más programas estatales. Parte del problema está en los marcos regulatorios que desalientan la contratación, en la presión impositiva sobre las pymes y en la falta de incentivos para el empleo joven formal.
El sector privado debe recuperar protagonismo en la formación y contratación de jóvenes, con reglas claras, menor carga tributaria y un sistema laboral más flexible. Los Estados, en lugar de competir con el mercado, deberían garantizar el terreno de juego: previsibilidad jurídica, infraestructura y estabilidad macroeconómica.

Salud mental: más allá del síntoma
La salud mental juvenil se ha deteriorado. El suicidio ya es una de las principales causas de muerte entre jóvenes en varios países del Cono Sur. Pero no alcanza con ampliar servicios de atención. Hay que entender qué valores estamos transmitiendo como sociedad.
La pérdida de referentes, el relativismo moral y la ausencia de proyectos personales compartidos han generado una juventud fragmentada, solitaria y vulnerable. Recuperar el sentido de pertenencia, el compromiso cívico y la ética del esfuerzo puede ser más eficaz que cualquier dispositivo terapéutico.

El desafío democrático
El bono demográfico se agota. El tiempo también. El desafío no es solo económico o social: es republicano. Necesitamos volver a un modelo en el que el Estado garantice condiciones de igualdad ante la ley, promueva oportunidades reales y exija responsabilidad a quienes las reciben.
Invertir en infancia y juventud es indispensable. Pero debe hacerse con transparencia, evaluación constante y participación ciudadana. La juventud del Cono Sur no necesita más promesas; necesita instituciones sólidas, libertad para elegir y caminos reales hacia la autonomía.
Fuentes:
