
Tal medida generó opiniones cruzadas y disgusto en un momento económico y político muy sensible, frente a indicadores de gran preocupación para los negocios, las inversiones, el dólar y el ciudadano de a pie.
La guía indica que el uso de la “e” no es el foco de las recomendaciones, sino el uso de impersonalizaciones para evitar las generalizaciones únicamente en masculino.
Indica entre otras definiciones que “el lenguaje es un producto social e histórico que influye en la percepción de la realidad. A través de la palabra, verbal o escrita, las sociedades transmiten ideas, sentimientos, modos de pensar y esquemas de valoración”.
Entre el listado de cargos que menciona en femenino gramatical se encuentra: asistenta, choferesa, mayordoma, capataza y oficiala entre otras.
“La gestión del Banco Central, en consonancia con el Gobierno nacional, ha asignado relevancia a la política de género y respeto hacia la diversidad», indicó como una política de estado que está travesando todos los ámbitos de gestión nacional. Tales medidas se han replicado en otros entes como PAMI y Anses.
Seguramente hay acuerdo en que la perspectiva de género es una construcción compartida que llevará un tiempo como cualquier cambio cultural, pero frente a una coyuntura política y económica de gravedad y preocupación, las resoluciones de fondo debieran indicar mayor apego a resolver problemas concretos.
Así, se manifestaron en las redes sociales miles de usuarios que criticaron la medida con infinidad de apreciaciones, que hacen entrever que la preocupación del país no gira entorno al lenguaje y sus nuevas formas, sino a llamar a las cosas por su nombre a fin de resolver los problemas que aquejan a los/las argentinos/as, en principio.
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