La 83ª edición de los Golden Globe Awards (premios Globo de Oro) dejó una certeza incómoda para la industria cultural global: Hollywood ya no controla el centro del escenario, aunque siga escribiendo el guion. Mientras la gala se envolvía en discursos sobre diversidad, inclusión y justicia simbólica, el verdadero mensaje apareció en los resultados: el poder cultural se está desplazando, la producción se está concentrando y las viejas narrativas progresistas conviven, sin conflicto aparente, con nuevas formas de hegemonía corporativa.
Iris Rodríguez Ventura & Jorge Brizuela Cáceres
El Federal Noticias
Apple TV+ no solo ganó premios. Confirmó que el domingo que decide tendencias, estéticas y legitimaciones. Netflix resistió como pudo. HBO, durante décadas sinónimo de prestigio, quedó relegada. Y la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA), todavía en proceso de recomposición institucional, volvió a mostrar su principal habilidad: equilibrar gestos morales con decisiones funcionales al sistema.



Cine: prestigio clásico, riesgo controlado
En el apartado cinematográfico, la película más nominada de la noche fue One Battle After Another, con nueve candidaturas. El thriller político dirigido por Paul Thomas Anderson dominó la conversación previa, se llevó premios clave y consolidó a su director como uno de los pocos autores capaces de moverse con libertad dentro del gran sistema.
Sin embargo, el premio a Mejor Película Dramática fue para Hamnet, un drama histórico que encarna a la perfección el ADN del establishment hollywoodense: producción de alto linaje, sensibilidad clásica y un mensaje emocionalmente efectivo pero políticamente inofensivo. Que Steven Spielberg y Sam Mendes figuren entre sus productores no es un dato menor. Cuando la industria debe elegir entre audacia y tradición, elige la tradición.
La derrota individual de Chloé Zhao como directora, compensada con el premio mayor a su película, es otro ejemplo del equilibrio calculado: se reconoce la obra, se limita la figura. El sistema concede, pero no se desarma.
En Mejor Película – Comedia o Musical, One Battle After Another se quedó con el galardón y confirmó que la sátira política sigue siendo tolerable cuando está bien empaquetada y no cuestiona las bases del negocio. El momento más auténtico de la noche llegó con el discurso de Teyana Taylor, premiada como actriz de reparto, al dedicar su estatuilla a “las niñas morenas y marrones”. Fue un instante de verdad en una ceremonia ensayada.
El premio a Mejor Director para Paul Thomas Anderson terminó de sellar la noche cinematográfica: Hollywood sigue premiando el oficio, la tensión narrativa y el control formal, incluso cuando el contenido roza zonas incómodas. El riesgo se admite, siempre que esté bien dirigido.



Actuaciones: diversidad en escena, silencios detrás
Uno de los momentos más comentados fue el triunfo del brasileño Wagner Moura como Mejor Actor Dramático por El Agente Secreto. La victoria fue celebrada como un gesto de apertura, pero rápidamente mostró sus límites: el director brasileño Kleber Mendonça Filho fue sistemáticamente relegado, con discursos interrumpidos y premios entregados fuera de cámara en instancias previas, como ocurrió la semana anterior en el People Choice Awards.
Hollywood aplaude la diversidad visible, pero sigue incomodándose con las voces autorales que cuestionan el orden. El reconocimiento llega, pero fragmentado.
En comedia, Timothée Chalamet, protagonista de Marty Supreme -y novio de la menor de las Kardashian, Kylie Jenner- se impuso a figuras como Leonardo DiCaprio y George Clooney. No fue solo una elección artística, sino generacional. La prensa extranjera prefirió energía, ironía y desparpajo antes que reverencia automática a la vieja guardia. El mensaje es claro: el prestigio heredado ya no garantiza premios.
Las victorias de Rose Byrne (If I Had Legs I’d Kick You) y Stellan Skarsgård (Sentimental Value) confirmaron otra tendencia: cuando el talento actoral es innegable, incluso el sistema más conservador se ve obligado a reconocerlo. Pero también, cuando los hombres envejecen se tornan interesantes, pero las mujeres mayores dejan de ser comercializables.
EJAE (la compositora coreana), después de 10 años de fracasos y una pelea entre los productores de K-Pop: Demond Hunter, le dedicó su premio a «todos aquellos a los que les cerraron las puertas», y citó verso de la canción Golden: «nunca es tarde para brillar/ como naciste para ser». Los bueno de las canciones que no se hacen por Inteligencia Artificial ni con Auto-Tune.



Televisión: Apple impone un nuevo orden
Si en cine hubo reparto estratégico, en televisión hubo un ganador indiscutido. Apple TV+ dominó la noche y consolidó un cambio estructural en la industria audiovisual. La era en la que HBO marcaba el pulso del prestigio parece haber quedado atrás.
Pluribus, la serie dramática de Vince Gilligan, se llevó el premio principal y confirmó que la distopía contemporánea ya no se produce desde los márgenes, sino desde el corazón de las grandes plataformas tecnológicas. Apple no solo distribuye contenidos: define qué historias merecen legitimidad cultural.
Netflix, pese a llegar con la mayor cantidad de nominaciones, apenas logró sostenerse gracias a la polémica miniserie Adolescence. HBO, directamente, quedó fuera del centro de la conversación. El mapa cambió, aunque muchos se resistan a admitirlo.
Incluso en comedia, con el triunfo de The Studio y Seth Rogen, la sátira apuntó hacia adentro: la industria riéndose de sí misma como mecanismo de defensa. Reírse del poder siempre fue una buena forma de conservarlo. Mostrar algunos trapos sucios, sin relajar.



El trasfondo incómodo: dinero, apuestas y coherencia selectiva
Uno de los datos menos discutidos —y más reveladores— fue el patrocinio de la gala por parte de Polymarket, una plataforma de apuestas que permite especular con conflictos armados y crisis geopolíticas. Mientras el escenario se llenaba de discursos humanitarios, el financiamiento provenía de la mercantilización del riesgo global.
La contradicción no generó escándalo. Tampoco disculpas. En Hollywood, la coherencia ética suele ser opcional cuando el negocio está asegurado.
La nueva categoría, la de Mejor Podcast, fue ganada por Good Hang with Amy Poehler, un reconocimiento a que los medios tradicionales están en retirada… desde hace tiempo. Por otro lado, el premio Mejor Logro Cinematográfico y de Taquilla, es el premio consuelo para que los estudios sigan facturando. El director Ryan Coogler aplicó la misma “receta Marvel” (Michael B. Jordan + acción estilizada) que usó en Black Panther. Es cine de fórmula: efectivo, ruidoso y olvidable, pero muy rentable.



Premios que hablan más de poder que de cine
Los Golden Globes 2026 no fueron una celebración del arte, sino un espejo del sistema cultural contemporáneo. Un sistema que predica inclusión, pero concentra decisiones. Que celebra diversidad, pero limita disidencias. Que cuestiona símbolos, pero preserva estructuras.
Apple emerge como el nuevo gran estudio del siglo XXI. Hollywood se adapta, negocia y simula autocrítica. Los premios, como siempre, dicen menos sobre las películas que sobre quién tiene hoy la capacidad de legitimar relatos.
El cine repite las fórmulas clásicas y la televisión está plagada de fan fictions de Wanpad.
El resto, son relaciones públicas, diría Orwell.
