Mientras la provincia exige el regreso a los hogares, unas 90 familias resisten en carpas a la vera de la 157. Casas con dos metros de agua, una sirena de emergencia que nunca sonó y la ausencia total del delegado comunal marcan una tragedia peor que la de 2017.

LA MADRID, Tucumán.- La orden oficial es clara: el Gobierno de Tucumán quiere las rutas despejadas. Sin embargo, para los vecinos de La Madrid, «volver a casa» es hoy una sentencia de insalubridad y peligro. A la vera de la ruta 157, el paisaje es desolador: 90 carpas improvisadas con plásticos y gazebos albergan a familias que lo perdieron todo, mientras esperan que el barro baje y la energía eléctrica deje de ser un recuerdo.
«Peor que en 2017»: El agua llegó a los dos metros
Ruth Albornoz vive a una cuadra de la plaza principal. Allí, donde hoy se amontonan los trailers oficiales, el agua no tuvo piedad. «Esta inundación fue peor que la de 2017. Aquella vez el agua entró un metro; ahora llegó al marco superior de la puerta. Casi dos metros de altura», relata con la mirada perdida en lo que quedó de su hogar.
El drama se repite en cada testimonio. Solana, otra vecina, lleva cinco días durmiendo en un auto junto a su esposo y su hijo. No es solo el agua lo que indigna, sino la falla en la prevención. «Después de 2017 pusieron una sirena en la comisaría para alertarnos de la crecida del río Marapa. Se probó una vez y nunca más. Si la sirena hubiera funcionado, habríamos salvado nuestras cosas. El agua nos dio el golpe sin aviso», denuncia.
El abandono político: «El delegado brilla por su ausencia»
Mientras el Gobierno provincial intenta instalar un relato de «Estado presente», en el territorio la realidad es otra. El nombre de Héctor Soria Chanta, delegado comunal, se repite en las quejas por su inexistencia.
«El delegado no se acercó ni a ver si necesitábamos algo. Sobrevivimos por las donaciones que llegan de Termas de Río Hondo o de Concepción», dispara Marcelo Pacheco, un jubilado que hoy duerme bajo un gazebo. Bianca Suárez coincide: «Llevamos cinco noches en la ruta. El delegado no apareció ni para preguntar si necesitábamos agua caliente para un mate».
Un pueblo a oscuras y el riesgo eléctrico
El principal obstáculo para el retorno es la falta de servicios básicos. Aunque la empresa distribuidora comenzó a cambiar medidores, el panorama es complejo. Con el agua superando los interruptores y tomacorrientes, el riesgo de cortocircuito o electrocución es latente.
«Veo muy difícil volver a vivir en mi casa. Todos los enchufes están llenos de agua», lamenta Bianca. En la gran inundación anterior, los vecinos pasaron un mes en la ruta. Hoy, con un daño material que duplica al de aquel entonces, el temor es que la historia no solo se repita, sino que se prolongue indefinidamente.
La Madrid es hoy el símbolo de una gestión que llega tarde. Mientras los funcionarios se preocupan por la estética de la ruta despejada, los vecinos se aferran a sus carpas, sabiendo que detrás del barro solo queda el silencio y el olvido oficial.

