Yo estaba chateando en mi cuarto con Bauti cuando Estela, nuestra vecina, la llamó a mamá desde la vereda. Mamá justo estaba entrando: venía con unas compras del supermercado. Yo tenía la ventana abierta y escuché que Estelita le decía:
— Medea, ¿por qué no te venís a tomar un chocolate caliente y a comer unos churros? Están calentitos…
Ella le dijo que no: apenas podía con su espíritu. Había estado toda la noche llorando y todavía tenía las marcas del maquillaje corrido en la cara. Cuando llora, mamá siempre cierra la puerta. Ella piensa que así no la voy a escuchar, pero se equivoca. Es imposible ahogar esos sollozos, esos lamentos desgarradores, esos gemidos de animal moribundo.
Desde que papá la dejó que está en este estado lamentable. No puede dormir. Se la pasa yendo de la cocina al cuarto, del cuarto al living, del living al baño, del baño a la cocina nuevamente. Se pone a regar las plantas a las tres de la mañana. A veces llama a su amiga Viviana a cualquier hora y se pone a contarle sus penas. Ayer escuché que le decía:
— Vivi, ya no sé qué hacer. En una semana se casan. Él y esa atorranta. Se cree muy fina, con ese cuello largo de cisne que tiene. Cómo la agarraría del cogote… Pero no se me tiene que notar. En la fiesta tengo que estar bárbara, Vivi. Nadie tiene que saber por lo que estoy pasando. Tenés que venir a casa a ayudarme con el maquillaje.
Yo no sé por qué mamá se lo tomó tan a pecho. Desde que papá se enamoró de Gloria, que ya no es la misma. Está como poseída, la escucho hablando sola. Parece que está tramando algo, pero todavía no sé bien qué. Yo creo que Vivi tiene miedo de que mamá intente suicidarse. El otro día vino a casa y me dijo que la observe bien de cerca a mamá para que no haga ninguna locura. Yo entiendo que se tiene que sentir despechada. Es lógico, su marido se fue con otra, pero es la vida, son cosas que pasan. No es que papi se lo haya hecho a propósito para joderla. Ella tiene toda una teoría: piensa que papá se fue con ella porque es rica, que está detrás de su fortuna. Además, el viejo de ella es el presidente de una multinacional. Parece que es un tipo muy poderoso y que le prometió a papá un puesto alto dentro de la compañía. Mamá piensa que Gloria es una finoli y que papi no tenía derecho a abandonarla después de que mamá dejó a su familia por él. Cuando papá la conoció, eran muy jóvenes y, como papá era extranjero y tenía costumbres distintas, la familia de mamá se opuso desde el principio a la relación. Mamá se peleó con toda la familia para escaparse con él. Mi tía Ágata una vez me dijo que mamá robó el collar de oro y diamantes que era de la abuela y que, con ese dinero, papá pudo poner su negocio. Según ella, la noche del robo fue la última vez que mis abuelos vieron a mamá. Esa fue la noche en que ella, medio borracha, amenazó con matar a mi tío Rafael. Parece que Rafael la descubrió mientras ella robaba la joya. Al parecer, mis abuelos le habían prometido al tío Rafa que sería suya, que podría venderla para comprarse ese terreno tan deseado, que daba al río, en Vicente López. Pero mamá la arrebató y lo hirió a mi tío con un cuchillo. Según Ágata, casi lo mata. Pienso que esa es la razón por la que yo nunca conocí ni a mis abuelos ni a mi tío. Cuando mi viejo se peleaba con mamá por algún motivo, ella siempre le echaba en cara que todo lo bueno que él tenía, se lo debía a ella y que ella había renunciado a todo por él.
Ayer Gloria y papá vinieron a tomar unas copas con mamá. Ella los invitó porque quería pedirles disculpas por haber reaccionado mal ante su casamiento. Dijo que quería hacer las paces y que estaba muy feliz de que papá pudiera rehacer su vida después de todo. A las ocho en punto llegaron los dos. Estaban agarrados de la mano como dos adolescentes. Mamá se había puesto ese vestido de la India que solo usa en ocasiones especiales. Tenía una sonrisa de oreja a oreja. Me pareció raro el comportamiento de mamá, sobre todo teniendo en cuenta que unos días antes le había dicho a la vecina lo infeliz que la hacía que papá la hubiera dejado por esa mujer. Pero mamá siempre fue muy impredecible y, quién sabe, quizás lo había meditado y había llegado a la conclusión de que papá sería más feliz así. Lo raro es que, después de la primera copa de vino, Gloria se empezó a sentir mal, mareada, y le dieron unas convulsiones. Papá estaba muy preocupado y enseguida llamaron a la ambulancia. Hoy Gloria sigue internada en la clínica. Parece que está en coma y papá está devastado por esta tragedia. Es la primera vez que lo veo llorar en mucho tiempo. Vino a casa a la tarde para buscar un poco de consuelo en mamá. Mamá se mostró genuinamente afligida. Le dijo a papá que contara con ella para lo que necesitara. Obviamente que con todo esto la boda quedó suspendida y la familia de Gloria no puede sobreponerse del shock. Papi le dijo a mamá que esperaba que todo hubiera resultado distinto entre ellos, que lamentó haber arruinado la relación, pero que había dejado de amarla y que ella también debía buscar otra persona que la haga feliz. Yo los estaba espiando desde la cocina. Cuando papá dijo eso, mamá quedó pasmada, mirando hacia la pared, totalmente ida, ausente. Papá le seguía hablando de Gloria y le decía lo buena que era su familia y que, a diferencia de la de mamá, lo había recibido como a un hijo. También le pidió a mamá que rezara por Gloria y que él sabía que, en el fondo, mamá tenía buenos sentimientos, que esperaba que pudieran ser buenos amigos. Cuando dijo esto último, trató de abrazarla, pero mamá no reaccionó, seguía en un trance. Después papi vino a estar un rato conmigo. Nos quedamos jugando a unos juegos en la computadora y me dijo que la próxima vez me llevaría a jugar al fútbol con su equipo, “los Cibernautas”. Cuando se despidió, me dijo que yo era lo más importante en su vida, que me cuidara mucho. Mamá, mientras tanto, nos miraba desde el living y parecía emocionada.
Es de noche. Mamá estuvo llorando durante horas desde que se fue papá. Yo creo que debe ser porque todavía está enamorada de él. Se encerró en el baño y no sale más. Dejó correr el agua. Yo me acordé de lo que me había dicho Vivi, que mami estaba frágil, que yo tenía que impedir que hiciera alguna locura. Cuando toqué y no me respondió, forcé la puerta. Estaba tirada en el piso, en bata, rezando un rosario y mirando una foto de los tres: papá, ella y yo, cuando yo tenía cinco años. Le pedía perdón a Dios. Inmediatamente pensé que estaba buscando el perdón de Dios porque iba a suicidarse. La hice levantarse del piso, la abracé y le dije: «Por favor, mami, no me dejes solo». Le hice una sopa, le dije que se tomara sus calmantes y me dijo que quería cocinar. A veces, cuando mamá está mal, se pone a cocinar. Es como una terapia en la que descarga angustias y tensiones. Esta noche hizo las galletitas que a mí más me gustan, las que tienen chips de chocolate.
Ahora escucho que me llama y viene a mi cuarto. Me dice que esta noche es especial y que no tendré que esperar hasta mañana para probar las galletitas. Se acerca con una bandeja con las galletitas y un vaso de leche. Me dice que soy lo que más quiere en el mundo y, cuando dice esto, se le caen las lágrimas. Me dice que esta noche estuvo inspirada, que las galletitas le salieron más ricas que de costumbre. Yo me como tres, me tomo la leche y me recuesto. Me agarra mucho sueño. Ella me acaricia la cabeza con una ternura increíble y me dice que sueñe con los angelitos, que ella estará a mi lado para cuidarme. Me toma entre sus brazos, me abraza fuerte. Pienso que mientras mamá esté conmigo, nada malo podrá pasarme.
María Evangelina Vázquez es escritora, cantante, artista y periodista cultural. Ejerce como crítica de espectáculos en medios online. Cursa estudios de estética y curaduría. Sus dos libros de poemas publicados son Ese oleaje hirviente (Alción, 2018) y La actualidad de la bella (Azul Francia, 2021). Ha participado de publicaciones en revistas de Grecia y España.
Por Gisela Colombo
PARA EL FEDERAL NOTICIAS
Gisela Colombo es Licenciada en Letras. Ha escrito novelas, poemas y adaptaciones de obras de teatro. Ha colaborado en suplementos literarios y culturales. Es columnista en diferentes publicaciones mientras continúa con su labor docente.
Instagram: @gisela.colombo
