Las agresiones entre los intendentes Mayra Mendoza y Jorge Ferraresi, incrementó las acusaciones cruzadas y la desconfianza entre los 2 bandos.
Hugo Roldán
El Federal Noticias
BUENOS AIRES.- La ebullición interna en el kirchnerismo se incrementa. Las diferencias más notables se dan en el territorio bonaerense. El cruce entre los intendentes Mayra Mendoza (Quilmes) y Jorge Ferraresi (Avellaneda), elevó el nivel de acusaciones cruzadas y desconfianza entre La Cámpora y Axel Kicillof.
La disputa ya no se disimula y la posibilidad de una fractura en el peronismo (Unión por la Patria) en Buenos Aires, está cada día más cerca.
El lunes pasado, Ferraresi realizó un acto en Quilmes al que no invitó a Mendoza. Más allá de cualquier crítica en su discurso, ese solo movimiento generó la ira de la dirigente camporista. Varios intendentes del conurbano, que no responden a La Cámpora ni al armado de Kicillof, justifican el enojo de Mendoza, porque entienden que rompió un código básico de la política territorial.
En la organización que conduce Máximo Kirchner están convencidos de que si Ferraresi sigue en la misma actitud, “será el responsable de que el peronismo pierda la próxima elección”.
El camporismo señala a Axel Kicillof porque están convencidos de que el Gobernador avala el accionar de Ferraresi y otros críticos de la agrupación como Andrés “Cuervo” Larroque. “Axel tiene responsabilidad política en lo que está pasando. ¿No le va a decir nada a Ferraresi, que habla en nombre de él?”, sostienen en la agrupación ultra K. El encono con el Gobernador crece con el paso de los días, al igual que las suspicacias.
Desde el «comando» de Kicillof no entienden las acusaciones camporistas. Creen que si Mayra Mendoza tiene un problema con Ferraresi debido a su accionar en el territorio, no debería acusar al Gobernador. Asumen que debe haber un llamado en el que se limen asperezas y se logre una tregua para evitar un conflicto mayor. Kicillof no está mediando, no quiere y no cree que deba hacerlo.
La pelea entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner había bajado de tono en las últimas semanas. CFK habló con ambos y se abrió una tregua lógica para calmar la batalla diaria. Sin embargo, esta vez el conflicto surgió por una vía alternativa en la discusión entre la estructura del gobernador bonaerense y el camporismo. “No hace falta que llame Cristina. Esto se resuelve con elecciones”, sostienen en el círculo cercano de Ferraresi. La posición política parece firme.
El kirchnerismo entró en una etapa de discusiones permanentes que nadie puede, o quiere, ordenar. El espacio político está lejos de cumplir con el verticalismo que lo identifica. Las discusiones son cada vez más horizontales y frecuentes. Ya no hay una sola palabra ni una orden incuestionable.


