Por Sergio Capozzi
Diputado Nacional (PRO, Río Negro)

¿Cómo pueden los diputados contribuir a las relaciones exteriores de la Argentina? Era una pregunta que me hacía antes de incorporarme a la Cámara de Diputados, donde descubrí los Grupos de Amistad Parlamentaria (GPA). Algo que quizás la inmensa mayoría de los ciudadanos no conozca, pero que es un ámbito importantísimo para el desarrollo de la Argentina.
La función de los diputados es brindar a los gobiernos las herramientas legales que permitan y faciliten el alcance de los logros propuestos. En los GPA se intercambian proyectos, leyes e ideas que construyen puentes que aseguran un mejor futuro. Cuanto más conozcamos a los otros pueblos, menores serán las diferencias.
Luego de interiorizarme sobre la composición, objetivos y organización de estos grupos, rápidamente decidí que debía incorporarme por lo menos a uno de ellos: el GPA con la República de Chile. Motivos me sobran.
A lo largo de más de doscientos años las relaciones entre nuestros países han transitado etapas dispares, desde franca amistad hasta conflictos que nos colocaron al borde de la guerra. Nuestras independencias reconocen un origen común, la campaña libertadora encabezada por el general José Francisco de San Martín tuvo un incondicional y fundamental aliado en el brigadier Bernardo O´Higgins. Sin embargo, décadas más tarde la discusión sobre límites fronterizos, sobre todo patagónicos, llevaron a una situación tensa que se superó gracias a la intervención de la corona británica y la firma del laudo de 1902. Mucho más grave fue la situación setenta y cinco años más tarde cuando la disputa por tres islas ubicadas en el canal de Beagle nos pusieron a horas del conflicto armado. La intervención del Papa Juan Pablo II y en especial de su mediador, el cardenal Samoré, concluyó con la firma del Tratado de Paz y Amistad que acaba de cumplir cuarenta años.
Tantos puntos de contactos, históricos, culturales, sociales, económicos, permiten observar la importancia de la construcción de puentes en momentos de divergencia política. Esto es fundamental para evitar que las diferencias de pensamiento escalen a fricciones en la relación de Estado.
La agenda bilateral debe ir más allá de la coyuntura política y las declaraciones y acciones tienen que enfocarse en temas concretos de la agenda bilateral, como la facilitación del tránsito en pasos fronterizos como el Cristo Redentor, la integración económica, y la cooperación en diversas áreas. Aquí es donde cobra especial relevancia el Grupo Parlamentario de Amistad.
¿En qué está trabajando concretamente el GPA con Chile? En un reciente encuentro con miembros de la embajada de Chile se debatió sobre los Corredores Bioceánico Multimodal, tanto el que conecta el Norte de la Argentina con el Pacífico, Bolivia, Paraguay y Brasil como el Sur, que conectará la región del Bio Bio, Los Ríos y Los Lagos con el golfo San Matías y el sur bonaerense. Estos corredores benefician el intercambio comercial para ambos países (puertos chilenos que podrán usar los productores argentinos, puertos argentinos que podrán usar no sólo los chilenos sino los exportadores del sud este asiático), la exportación de minerales, combustible, frutos y ganadería tendrán un crecimiento exponencial.
Chile es un espejo en el cual debemos mirarnos: sus exportaciones mineras y frutícolas son diez veces las de Argentina. Eso lo han logrado gracias a la firma de tratados de libre comercio con más de setenta países. Vaca Muerta nos convertirá en el segundo productor mundial de gas y Chile lo necesita. Como también necesitamos ambos países de una mayor exploración y explotación de las tierras raras esenciales para el desarrollo de la robótica y la Inteligencia Artificial. Este fue el segundo tema abordado en la última reunión. El tercero fue la constante migración fronteriza que reclama menos burocracia, ampliación de horarios y tecnología.
No puedo dejar pasar por alto otro tema urticante: los delitos transnacionales. La trata de personas, el narcotráfico y el ciberdelito son preocupación de los gobiernos de la región. Las fuerzas de seguridad argentinas y chilenas están trabajando en conjunto para intercambiar información y actuar en conjunto contra el crimen organizado. Ello ha permitido, entre otros logros la detención de temibles miembros del Tren de Aragua, la banda narcoterrorista más grande del mundo con lazos fundacionales con la dictadura venezolana.
Argentina y Chile pueden seguir construyendo un destino en común. Desde el Congreso estamos para apuntalar ese camino.
