Pese a las promesas de campaña, dirigentes de clubes, federaciones y atletas denuncian parálisis en la Secretaría de Deportes. Falta de planificación, becas que llegan tarde e infraestructura reactiva definen una gestión que profundiza el malestar en el sector.
REDACCION EL FEDERAL NOTICIAS

El deporte en Tucumán vive una paradoja persistente. Mientras en el discurso oficial del Gobierno provincial se lo invoca recurrentemente como una herramienta fundamental para la inclusión social, la salud y la contención de jóvenes, la realidad palpable en clubes, federaciones y en la experiencia de los propios atletas revela un escenario drásticamente opuesto. Lejos de ser una prioridad estructural, la política deportiva aparece desdibujada, sin planificación estratégica y, fundamentalmente, sin la decisión política necesaria para convertirla en una verdadera política pública.
La Secretaría de Deportes de la Provincia, área que por naturaleza debería tener un rol protagónico y articulador, funciona hoy como un ente periférico, sin peso propio en el gabinete y con una alarmante incapacidad para ordenar un sistema que reclama rumbo hace tiempo.
Esta falta de centralidad no es responsabilidad exclusiva de la secretaría; es, ante todo, una decisión del Gobierno provincial. Si el área no conduce ni planifica con eficacia, es porque desde la cúpula del Poder Ejecutivo no se la ha fortalecido ni colocado en el centro de la estrategia pública. Una secretaría sin herramientas visibles ni iniciativa propia no solo expone el fracaso de un funcionario, sino la voluntad de un gobierno que no concibe al deporte como un asunto estratégico.
El caso Campo Norte: una oportunidad perdida de gestión integral
La gestión sobre el predio de Campo Norte es una muestra clarísima de esta desconexión. Se trata de un espacio con un potencial extraordinario para el desarrollo del deporte amateur y la integración comunitaria. Sin embargo, cuando el tema entró de lleno en la agenda del gobernador Osvaldo Jaldo, la discusión pública se limitó a la recuperación de tierras fiscales y al relevamiento dominial.
En un debate donde la Secretaría de Deportes debería haber tenido una voz central, capacidad de propuesta técnica y liderazgo, su presencia fue marginal. El Gobierno actuó sobre el problema patrimonial y territorial, pero omitió mostrar una visión deportiva integral. Esta omisión confirma que el Estado tucumano sigue mirando al deporte como un complemento decorativo, y no como un eje rector para pensar el territorio y el espacio público. Puede más la cuestión inmobiliaria que la inclusión que llega de la mano del deporte.
Cuestionamientos a la conducción y malestar en los clubes
La propia designación de Diego Erroz como secretario de Deportes puede leerse en esta clave de desatención. Ex futbolista cordobés ligado a Atlético Tucumán, Erroz llegó al cargo con un mérito visible asociado principalmente a su perfil público como ex jugador. Sin embargo, administrar la política deportiva de una provincia exige mucho más que haber pasado por una cancha: requiere conocimiento del entramado institucional, capacidad de gestión integral y autoridad para interactuar con un sistema complejo de clubes y federaciones.
Los resultados de esta mirada «liviana» sobre el perfil del funcionario están a la vista. Entre asociaciones, federaciones y presidentes de clubes circula hace tiempo un malestar persistente. Dirigentes deslizan, muchas veces por lo bajo, que en la Secretaría no hay escucha real, que cuesta ser recibido y que los pedidos concretos no encuentran respuesta. Incluso señalan que el titular del área no conoce la diversidad del universo deportivo que debería conducir. Cuando el sistema deportivo no siente a la Secretaría como un ámbito de referencia, lo que fracasa es la presencia misma del Estado.
Atletas autogestionados y el ejemplo del Complejo Belgrano
La ausencia de prioridad estatal la sufren, sobre todo, los deportistas. Si bien la Provincia sostiene formalmente convocatorias a becas, la experiencia concreta de muchos atletas está marcada por demoras, incertidumbre y una ayuda que llega tarde o directamente no llega. Son numerosos los casos de deportistas tucumanos que terminan autogestionando sus viajes y competencias mediante rifas o aportes privados. Cuando un atleta depende más de su entorno que de una política pública eficiente, queda en evidencia la pasividad del Estado.
El Complejo Belgrano es otro ejemplo contundente de esta gestión reactiva. En 2025, el Gobierno anunció un plan de recuperación del predio. Si bien las obras son positivas, el hecho de que un activo deportivo central haya necesitado ser “recuperado” expone cuánto tiempo estuvo administrado sin mantenimiento ni previsión.
Un futuro hipotecado para el talento local
El problema de fondo no es la ausencia total de acciones, sino que lo que existe aparece disperso, insuficiente y sin una visión de conjunto. Hay actos, anuncios y recorridas institucionales, pero falta una política deportiva provincial integral, con metas públicas, criterios transparentes y resultados medibles.
Tucumán necesita un gobierno que entienda que el deporte no es una foto de ocasión; es salud pública, prevención, disciplina e identidad territorial. Requiere inversión, funcionarios capaces y conducción política. Hoy, lamentablemente, la Secretaría de Deportes aparece debilitada y Diego Erroz no ha logrado consolidarse como conductor del sistema. El deporte tucumano necesita conducción, decisión y prioridad. De seguir así, la provincia terminará diciéndole a cada niño y niña que sueña con el deporte que nació en el lugar equivocado
