El principal acusado por la desaparición de Cecilia Strzyzowski, le escribió al Fiscal, que el ex-abogado está hablando cosas horribles de él y tiene miedo.
Hugo Roldán
El Federal Noticias

CHACO.- El miércoles de la semana pasada, el abogado Juan Díaz fue convocado por la familia de Emerenciano Sena para representar a César Sena, el hijo de 19 años del líder piquetero. Motivó fue porque el joven, había sido citado a declarar en calidad de testigo en el marco de la investigación por la desaparición en la provincia de Chaco, de Cecilia Strzyzowski. El viernes 9, el joven pasó a ser el principal acusado del femicidio de su pareja.
El miércoles 14, una semana más tarde, el letrado renunció a la representación de Sena y de otros dos imputados en la causa, Fabiana González y Gustavo Obregón.
En la tarde de ayer el principal sospechoso, sorprendió al dirigir una carta de puño y letra a uno de los fiscales del caso, en el que le dice que «teme» por su seguridad y lo atribuye a que su ex abogado defensor, Juan Diaz, «dice cosas horribles de mí».
«Soy César Sena. Estoy acusado en ésta causa y me entere porque escuché que Diaz que era mi abogado defensor y de toda mi familia. Está saliendo en todos los medios y está hablando cosas horribles de mí. Tengo miedo por mí. Hago responsable a esta persona si me pasa algo«, dice la breve nota de Sena.
Juan Díaz viene diciendo, sin demasiadas vueltas, que está convencido de que su ex-cliente es culpable.
El abogado comenzó a admitir esa impresión cuando esta semana anunció que dejaba de defender a César. «Hay diferencias irreconciliables con mi cliente», dijo, y en diferentes medios, al ser consultado acerca de qué significa eso, explicó que dejó de creer por completo que el joven sea inocente.
En diferentes entrevistas, Diaz fue incluso más allá, diciendo sin reservas cómo cree que fue el homicidio y desaparición de Cecilia. En algunas radios, frente a preguntas puntuales, dijo que a su juicio y considerando las pruebas reunidas, Cecilia fue asesinada en la casa de Santa María de Oro 1.460, propiedad de Emerenciano Sena y Marcela Acuña, y que allí la víctima fue «desmembrada», es decir descuartizada, para luego deshacerse de los restos en algún lugar indeterminado.
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