(Asociación de Profesionales de la Administración Pública de Tierra del Fuego)
En Tierra del Fuego, uno de cada tres personas trabaja para el Estado. La Provincia impacta en la sociedad fueguina no sólo por los servicios públicos, sino también en su rol como empleador. En el imaginario colectivo, el empleado público vive bien con poco esfuerzo. En cambio el del sector privado debe cuidar su trabajo y no puede bajar su rendimiento. Sin embargo las generalizaciones nunca hacen justicia y cada persona vive y actúa de manera singular.

Cuatro pilares sostienen el capital humano en una organización. Un trabajador, sea público o privado puede tener un buen desempeño si siente: 1 – estar haciendo algo valioso, 2 – se siente reconocido y bien tratado, 3 – se siente suficientemente retribuido y 4 – sus jornadas de trabajo transcurren en un ambiente armonioso.
El empleo público provincial dista mucho de sostenerse en esos pilares. El trabajo en muchos casos se limita a ejecutar acciones, sin comprenderse el “para qué”, donde la experiencia y conocimiento muchas veces se entienden como un obstáculo para la política; el reconocimiento y buen trato son la excepción y no la regla. Y los espacios de trabajo están superpoblados y descuidados. El trabajo se organiza en horarios fijos, estancos y normalizados. Nada diferencia a un trabajador comprometido, responsable por sus tareas y por las personas que éstas afectan, de otro que no. Las diferencias se asocian a la buena o no tan buena relación con los políticos que circunstancialmente gobiernan.
El Aislamiento Social Preventivo Obligatorio está dejando aprendizajes y mostrando una oportunidad de diseñar un nuevo empleo público. En estos tiempos, las capacidades, el compromiso y profesionalismo son determinantes. Al mismo tiempo, la realidad de cada contexto familiar, hogareño y tecnológico, juega un rol importante. Además de los profesionales de la salud, muchos otros continuaron haciendo teletrabajo, poniendo a disposición sus servicios de internet, teléfono, equipamiento tecnológico, insumos, e inclusive trabajando en horarios disímiles, debiendo conjugar sanamente sus tiempos laborales con los de sus hijos, parejas y familiares.
Aún en este escenario caótico por momentos, este periodo permitió revalorizar el tiempo, entorno y espacio; fortalecer los vínculos familiares, mejorar las horas de descanso, enfocarse en el bienestar personal, ordenar la alimentación y poder administrar su día a día.
En ciertos casos el teletrabajo fue mal entendido, ya que no implica disponibilidad las veinticuatro horas, los siete días de la semana. Sin una conciencia de dónde poner un sano límite, se invaden momentos privados y familiares, sin distinción; provocando un desgaste mental y emocional excesivo y una sensación en los trabajadores de sentirse controlados e invadidos en su propio hogar. Es una oportunidad de delinear cambios a futuro en la gestión de personas en la Administración Pública de la Provincia de Tierra del Fuego:
- Hacer un esfuerzo serio en conocer su demanda, y reorientar los recursos hacia ella.
- Modificar el concepto del trabajo asociado a una carga horaria, como único esquema, ya que resulta obsoleto y contraproducente.
- Organizar las normas y metodologías de trabajo para que se eviten las “odiseas” para identificar la información necesaria.
- Fortalecer los circuitos de información interna e interinstitucional de modo que el ciudadano no sea cadete de sus trámites.
Es momento de reconocer que las personas son el factor esencial de cualquier servicio y que una administración pública moderna debe concebir el empleo público bajo una lógica diferente, que deje las características militares de siglos atrás, un paradigma arcaico de verticalidad exacerbada y obediencia debida. Muchos al leer esto creeran que no es posible; sin embargo, imposible es sólo lo que no se diseña y no se busca.
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