
Ayer, volvió a sorprender ingratamente a los jujeños la aparición de los viejos métodos de protesta, malas prácticas de una época que todos creían definitivamente superados.
En la ciudad de La Quiaca, un grupo de personas pertenecientes a una fundación, que dijeron no pertenecer a ninguna parcialidad política, procedieron a «crucificarse» sobre árboles y postes de alumbrado público, exigiendo que se dote al hospital de la ciudad fronteriza, de una sala de cuidados intensivos.
La forma del reclamo, por lo sensacionalista, fue reflejada en la prensa local, regional y hasta nacional, generando un rechazo generalizado.
Éstos «viejos métodos» de reclamos, trajo automáticamente a la memoria de muchos jujeños, la década del ‘90; cuando por entonces él cura párroco de la ciudad de La Quiaca, padre Jesús Olmedo, solía crucificarse para protestar.
Lo que no todos recuerdan es que dichas prácticas, merecieron una dura reprimenda del Vaticano hacia el sacerdote, por haber utilizado uno de los máximos símbolos de la cristiandad, como expresión de disgusto y con el minúsculo objetivo de llamar la atención sobre una queja.
La práctica fue condenada y la sociedad la rechazó de plano, particularmente por tratarse Jujuy de una provincia cuyos habitantes mayoritariamente cristianos, profesan con devoción la religión Católica Apostólica Romana.
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