EL FEDERAL NOTICIAS

El presidente Alberto Fernández empezó con el pie izquierdo. Su palabra se devaluó más que la moneda argentina en los últimos años. Lo más peligroso es que devaluó la palabra presidencial. Según una encuesta realizada este mes, sólo el 8,3 por ciento confía en el Presidente. A lo lejos quedaron los números que le sonreían a Fernández en el inicio de la pandemia. Algunos lo habían bautizado como ¡Capitán Beto! Hace rato que no se veía una figura que haya perdido tanta confianza y credibilidad en tan poco tiempo. Alberto lo hizo.
Desde mayo de 2019 se sabía que Fernández era testimonial. Desde el mismo momento que Cristina Kirchner lo ungió como candidato a Presidente ya se sabía que no iba a tener margen de maniobra. No había ninguna posibilidad que la ex Presidenta delegara el mando en Fernández. Fue la primera mentira. Ni hablar las falsas promesas emitidas durante la campaña electoral en torno al precio de la carne, de los combustibles, el aumento a los jubilados. Todo marketing. En esa misma campaña se lo vendió como un candidato «moderado», que que «kirchnerizó» desde su arribo a la Casa Rosada. Otra mentira más…
Una vez en el Gobierno, las mentiras de Alberto Fernández quedaban al descubierto al poco tiempo a través de las redes sociales, que jugaron un papel de archivo inexpugnable para dejar mal parado al presidente. Desde la inauguración de obras hasta los líos internacionales en los que deja mal parado al país que representa.
Fernández cree que sigue dando clases en la UBA, donde los alumnos escuchan simplemente un discurso docente. A pesar de que lo desmintieron infinitas veces, no se da cuenta que las redes sociales ponen las cosas en su lugar. La mentira tiene las patas más cortas que nunca desde que existen las redes.
Fernández se parece más a un barrabrava que a un docente, al menos en las apariciones públicas que hace. Lo peor es que ni siquiera sabe pedir disculpas honestamente. «Si alguien se ofendió»… dijo luego de pronunciar un discurso sobre la descendencia de los mexicanos y de los brasileros. Quiso quedar bien con el presidente de España, pero dejó mal parado al país en el resto del globo.
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