
Por Gisela Colombo*
PARA EL FEDERAL NOTICIAS
El vínculo entre la literatura y el cine o la ficción televisiva, hoy expresada por medio del streaming es más estrecho de lo que se cree. En muchos casos se explicita la relación. Especialmente cuando la obra literaria que le da origen a la puesta en escena ha sido ya, por sí misma, un suceso editorial.

Pero eso es simplemente lo que se reconoce abiertamente. Sin embargo, detrás de toda serie, telenovela y película hay un guión literario. Hay literatura.
Para quienes se detienen a observar el tejido de la trama (texto significa eso mismo) la importancia de esa función no es, de ningún modo, tangencial.
La mayoría de los productos que alcanzan el éxito tienen de fondo un guión de calidad.
Una productora puede tener los mejores actores, un director apto, excelentes vestuarios, una escenografía o locaciones de primer nivel y una inversión millonaria. Pero si el relato que ha de narrarse no cierra, es confuso, no tiene coherencia o se pasa de ambicioso, no se decide a escoger un conflicto, sino que consigna todos los que atañen a una sociedad, entonces la tira o el film habrá de errar. Sin importar si el público lo consume por escándalos exógenos, porque le gustan los actores que aparecen o porque le interesan algunos de los temas tratados.
No sería la primera vez que una obra de mala calidad logra hacer un gran negocio.
Éste es el caso de la serie «El reino» estrenada hace unas semanas por Netflix. Se trata de una historia cuya síntesis tendrá mayor complejidad que lo habitual.
Es que aborda temas que ponen en el candelero a grupos político-religiosos que no suelen ocupar el centro de la escena. Lo que se dice de ellos puede que sea verosímil para algunas organizaciones. Alguien señaló que eso se ajusta más a las iglesias protestantes de EEUU. Quizá. Lo cierto es que mientras la asociación que nuclea a las Iglesias Evangélicas Argentinas manifestó en un comunicado de prensa su descontento porque la tira haya instalado los fines espurios que sostienen los pastores de este tipo de entidad religiosa, no obstante con el correr del relato se van sumando temas, polémicas sociales y toda clase de asuntos conflictivos que pudieran ser titulares de diarios.
La actividad en las sombras de agentes de la CIA, que operan sobre nuestra política nacional, abusos sexuales a menores, lavado de dinero y bóvedas emblemáticas, aunque puestas en manos de los pastores, corrupción de diversos agentes de la justicia, la putrefacción profunda del sistema político, la inseguridad que invita a la comisión de un crimen en un acto multitudinario en que se presenta la fórmula presidencial, la pobreza y marginalidad, las drogas y los errores de juventud que se pagan muy caros… La corruptibilidad de las autoridades carcelarias, el suicidio fingido, pero también el instigado por dinero… Y, por si ello fuera poco, para la fórmula comercial, un niño que se revela como Cristo en su última venida. ¡Nada menos! La parousía, quizá para que el barro exclusivo en que se maneja la acción tenga, hacia el final, un haz de esperanza.
Como un absurdo «Deus ex machina», lo sobrenatural termina dominando un film que, si de algo peca, es de falta de vuelo. El desconocimiento de los guionistas del asunto de las doctrinas religiosas manifiesta la superficialidad con que se abordan todos los temas. Con una fórmula así, no llama la atención ese resultado. Si es a causa de la brevedad necesaria, por ignorancia o falta de celo por el espectador, no lo sabemos…
Lo cierto es que la falta de rumbo del relato está presente desde el mismo guión que, en este caso, pertenece al director y a Claudia Piñeiro, una autora consagrada que ha tenido el honor de abrir La Feria del Libro entre otros tantos reconocimientos. Esto es lo más impresionante.
Valga la oportunidad que nos ha dado la serie para observar la relevancia de un trabajo literario serio como raíz de una obra audiovisual que aspire a cierta calidad artística.
*Gisela Colombo es Licenciada en Letras. Ha escrito novelas, poemas y adaptaciones de obras de teatro. Ha colaborado en suplementos literarios y culturales. Es columnista en diferentes publicaciones mientras continúa con su labor docente.
Instagram: @gisela.colombo
