Sergio Capozzi
PARA EL FEDERAL NOTICIAS
Dos preguntas nos vienen a la cabeza: cuándo apareció el concepto y qué se entiende por Patria.
La respuesta generalizada al primero de los interrogantes es que fue recién con la Revolución Francesa que el concepto clásico de Patria se asoció con el de Nación como fuente de poder y la idea occidental de patriotismo. Mientras que para la segunda pregunta, podíamos definirla como el disfrute y defensa de la libertad y del bienestar del ser humano, al que el derecho le reconoce el título de ciudadano.
Pese a los siglos y siglos que demandó a los reyes, condes y demás señores de la nobleza española la expulsión de los moros de la península Ibérica, en España recién se comenzó a usar y sentir la palabra Patria en el año 1808, cuando sin importar si trataba de catalanes, gallegos, vascos o castellanos, todos los españoles hicieron causa común para rechazar la invasión del imperio francés y particularmente derrocar a José I de Bonaparte. Tarea que requirió un lustro. «El pueblo, al desobedecer aprendió a mandar y a estar continuamente mezclado en negocios de Estado», afirma Alcalá Galiano.
Desde los primeros años del siglo XIX hasta 1991 el término Patria fue utilizado por demócratas, tiranos, liberales y populistas; por la derecha y por la izquierda; hasta que en ese año, el pensador Jürgen Habermas pidió en Madrid definir así al patriotismo constitucional europeo, de raíz humanista y basado en el concepto de ciudadanía. Algo impensado unas décadas atrás cuando toda Europa estaba sumida en la guerra más cruenta de la historia de la Humanidad.
Voltaire, en su polémica con Rousseau, llegaría a afirmar que sólo se tiene Patria bajo un buen rey. Edward Gibbon, por entonces, escribía en su obra sobre Roma que la «virtud pública que los antiguos llamaron patriotismo nace del entrañable concepto con que ciframos nuestro sumo interés en el arraigo y prosperidad del Gobierno libre que nos cupo».
Y ya que hablamos de Roma, fue en tiempos de la República Romana cuando Cicerón acuñó el concepto “Ubi bene, ibi Patria”. Que traducido a nuestra lengua significa algo así como Estoy bien, es mi Patria. Tu Patria está donde te sientes bien.
¿Qué es la Patria para un argentino? Cuántas veces escuchamos que la Patria es donde tenemos enterrados a nuestros muertos, es aquella por la cual estamos dispuestos a dar la vida, es donde crecemos, formamos nuestras familias, compartimos sueños que se transforman en colectivos.
Nadie es la Patria. Ni siquiera el jinete que, alto en el alba de una plaza desierta, rige un corcel de bronce por el tiempo, ni los otros que miran desde el mármol, ni los que prodigaron su bélica ceniza por los campos de América o dejaron un verso o una hazaña o la memoria de una vida cabal en el justo ejercicio de los días. Nadie es la Patria. Ni siquiera los símbolos. Nadie es la Patria, pero todos lo somos. Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso. Eso nos dejó Borges.
Muchos nos preguntamos si hoy tenemos Patria. Dejemos de lado los fanatismos, y pensemos realmente qué nos identifica con ella. El idioma, la educación, los valores morales, los principios democráticos y la forma republicana de gobierno son algunos de los elementos que la conforman, los necesarios aunque no suficientes. Cada uno puede agregarle lo que considere pertinente.
La Patria nace y crece cuando se comparten vínculos históricos, culturales, religiosos y se tiene conciencia de pertenecer a una misma comunidad, generalmente se habla el mismo idioma y se tiene un territorio. El problema es cuándo un grupo, sea gobierno o no, pretende apropiarse de ella.
Las distintas dictaduras que padecimos los argentinos pretendieron legitimar los golpes de estado aduciendo que habían tomado el poder en defensa de la Patria, llegando al paroxismo con la guerra de Malvinas. Impactaron en nuestros corazones, logrando que millares se convocaran en la plaza de Mayo para escuchar al general Galtieri que desafiaba al imperio británico. Cuando la pasión dejó paso a la razón entendimos la diabólica jugada que nos marcó para siempre.
Samuel Huntington señala que en los últimos siglos se vienen sucediendo olas democráticas en casi todo el mundo, pero esto ocurre mientras en dirección opuesta se producen contra olas, generalmente al amparo de la misma democracia que menosprecian y atacan en sus bases. El populismo y la autocracia navegan sobre ellas.
Muchos de los actuales funcionarios del gobierno nacional formaron parte de organizaciones terroristas que tuvieron su apogeo en los años ´70. Los jóvenes imberbes expulsados de la plaza por el General Perón, que no lograron tomar el poder por la fuerza hoy lo detentan colocándose bajo las alas de Néstor y Cristina, resultado de un pacto espurio celebrado en el 2003 entre Kirchner y Verbitsky.
Siguiendo fielmente a los doctrinarios del populismo (Schmitt, Laclau, Mouffe), el kirchnerismo ha inventado un enemigo y lo llama anti Patria. Se han apropiado del lenguaje, administran la pobreza a través de los planes sociales, persiguen a los emprendedores, al capitalismo productivo y la riqueza agobiándolos con impuestos. Reemplazan a las fuerzas armadas por cuadros disciplinados integrados por militantes, sindicalistas y barras bravas, desalientan la educación y se apoyan en un sector de la iglesia católica que esclaviza a millones desde la pobreza y la miseria, cooptan la justicia y desprecian a quien tiene méritos.
El miedo es el medio. El presidente se presenta como un padre protector, con un dedo acusador, admonitorio, “si no me hacen caso me van a conocer enojado… No salgan de sus casas…somos el ejemplo del mundo…si Macri estuviese en el gobierno habría diez mil muertos…vamos a vacunar a diez millones durante el mes de diciembre…entre la salud y la economía me quedo con la salud”. Llevamos la mayor cantidad de muertos y desaparecidos vinculados con el Estado desde el regreso de la democracia. Provincias cerradas como feudos medievales, policías persiguiendo a vecinos que paseaban sus perros mientras en el velorio de Maradona el presidente abría la casa de gobierno para más de un millón de personas, el sindicato de camioneros hace piquetes y expulsa del país a empresas exitosas, las organizaciones de la economía popular bloquean las calles de Buenos Aires, en tanto más de trescientas mil pymes cierran sus puertas definitivamente.
El miedo está en su apogeo, 80.000 muertos, terapias intensivas colapsadas, 15 meses de inútil aislamiento que ha producido la deserción de casi dos millones de estudiantes que seguramente no volverán a sus escuelas o universidades.
Mientras todo esto sucede, la líder que provocó todo este caos se preocupa solamente por su situación ante la justicia y de paso, junto a Sergio Massa, dispone un aumento del 40% para los legisladores y su personal (lo debe haber decidido mientras degustaba un rico helado de Rapanui). Como dijo Randazzo, perdieron el sentido común y el corazón. Es que millones de trabajadores, independientes o en relación de dependencia, no pueden sobrevivir en un país con 4% de inflación mensual y una pérdida del 10% del producto bruto. Seis años deberíamos esperar (si comienzan a hacer la cosas bien) para recuperar el nivel que la economía tenía hace dos años.
Hace unos meses se publicó una nota en la cual se sostenía que siete de cada diez jóvenes dejarían el país si lo pudieran hacer. ¿Son anti Patria? Cipayos que no se quedan a dar una mano en la reconstrucción argentina, que impulsa el gobierno. O son jóvenes que escuchan la realidad que vivieron sus padres, que no quieren para su futuro el vivir en una habitación en los fondos de la casa de los viejos. O son jóvenes que escuchan y ven lo que está sucediendo en Venezuela, Nicaragua, Cuba.
Ubi bene, ibi Patria, dijo Cicerón. ¿Quién puede convencer a esos chicos en que aquí, van a estar bien? Hay una sola manera, reforzar la ola democrática, desprendernos del miedo, votar, resistir desde las trincheras y con las armas que la república brinda.
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